NACIDO DESIGUAL

“Mis papás me dijeron: piénsate una cosa, aquí no hay nada y es la verdad. Lo único que uno puede encontrar en la calle es alguien que te mate, que te asalte o uno mismo haciendo fechorías. Las circunstancias están muy difíciles aquí y yo me quedo en mi casa pensando en la inmortalidad del sapo. Tengo que ocuparme de algo”. Este es un fragmento de una entrevista a Ernesto, un joven en Honduras que ni estudia ni trabaja. Representa a más de 20 millones de jóvenes latinoamericanos, uno de cada cinco, entre 15 y 24 años, son los “Ninis”, analizados por un grupo de investigadores del Banco Mundial en el año 2015.

pobreza

La situación en Venezuela, al igual que el resto de Latinoamérica, mantiene esas proporciones, y dentro de ese grupo de ninis, 2 de cada tres son mujeres, creando una incubadora para la perpetuación de la desigualdad y la pobreza: desde los 14 años, o antes, sufren el riesgo de salir embarazadas, desertar de la escuela, y confinarse a una maltrecha habitación. Sus hijos nacerán en condiciones precarias, muchos sin padres que provean sustento, y como lo muestra el último informe de la Fundación Bengoa, estarán muy mal nutridos, sin el hierro ni los micro nutrientes necesarios para un desarrollo motriz y cognitivo adecuado, para crecer y aprender normalmente. Reciclarán valores de supervivencia y malos hábitos. Serán una generación que arranca desigual.

Nacer desigual significa en este contexto, la transmisión intergeneracional de la pobreza, y ya que el 60 % de los ninis proviene de los hogares más pobres, las posibilidades de ascender socialmente, aquella gran virtud que tuvo la sociedad venezolana, de crear unos hijos que tendrían un futuro cada vez mejor, o más aliviado, es cada vez más improbable. La clase media empobrecida, por su parte, envía a sus hijos a una escuela privada con la esperanza de recibir una mejor educación y oportunidad, pero percibe claramente que sus hijos no tienen el mismo futuro que ellos pudieron haber tenido y algunos preparan sus maletas. Los jóvenes más vulnerables desertarán precariamente y sin habilidades laborales a engrosarán las listas de desempleados, o empleados informales, o simplemente se convertirán en delincuentes.

La posibilidad de cambiar esto, pasa por cambios de emergencia y de mediano plazo. De hogares de cuidado diario, desmantelados por la revolución, rescatar la educación y la escuela de oficios laborales. En dar apoyos económicos a las madres con cuidados especiales, capacitación familiar y ciudadana, de lactancia materna, de apoyo psicológico contra la violencia de género, de valores sociales y de ayuda jurídica. Debemos parar la fábrica de desiguales y cuidar como sociedad de nuestros hijos, como diría Ernesto: “Se que en Honduras está muy difícil encontrar un trabajo, y si lo consigue uno tiene que aferrarse…lo tienen de esclavo prácticamente. Entonces pienso en las circunstancias de la vida, la necesidad. Hay que superarse uno mismo. Uno quiere que sus hijos tengan una buena vida con todas las comodidades. No como un Rey, pero que no les falte nada, sobre todo amor del padre, que sepan que tienen a alguien que lo apoya…que mi ejemplo sirva para mostrar que hay mucha gente en Honduras como yo, que no tenemos oportunidades”.

 
Fernando NiñoNo photo

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