LAS ÚLTIMAS HORAS DE ISAAC RABIN

El primer ministro fue asesinado el 4 de noviembre de 1995 durante una gran manifestación por la paz en Tel Aviv

Su portavoz, Eitan Haber, explica que, aunque recibía amenazas, ‘no imaginábamos que un judío podía asesinar a un judío’

SAL EMERGUI 

¿La lluvia estuvo a punto de abortar una de las grandes tragedias en la historia de Israel? Cuando el primer ministro Isaac Rabin se despertó, aquel 4 de noviembre de 1995, lo primero que quería ver era lluvia. Si es posible, diluvio. Como no estaba convencido del éxito de la manifestación a favor de la paz convocada para esa noche en Tel Aviv, el líder laborista confiaba que los meteorólogos de la televisión acertaran por una vez en su pronóstico obligando a anular la cita popular a favor de los Acuerdos de Oslo con los palestinos.

Isaac Rabin fue un militar y político israelí. Fue el séptimo jefe del Estado Mayor del Ejército de Israel; y el quinto Primer Ministro -el primero nacido en el país- fue asesinado el 4 de noviembre de 1995

Isaac Rabin fue un militar y político israelí. Fue el séptimo jefe del Estado Mayor del Ejército de Israel; y el quinto Primer Ministro-el primero nacido en el país- fue asesinado el 4 de noviembre de 1995

Pero en la plaza Reyes de Israel no aparecieron gotas sino tres balas. Las de un joven judío extremista llamado Yigal Amir que ridiculizaron el cordón de seguridad del hombre más (des) protegido de Israel e hirieron de gravedad el proceso de paz.

Vainte años después, Eitan Haber sigue siendo “el Rabinista por excelencia”. Su mítico portavoz, director de gabinete y asesor pasó a la historia como el hombre que anunció su muerte. “A nivel personal, fue un cambio radical. Estaba en uno de los puestos más influyentes cumpliendo el deseo de mi padre de servir al país. A nivel nacional, muchos israelíes, incluyendo miembros del Gobierno, no están satisfechos de una situación sin seguridad ni negociaciones”.

Haber acude a la cita como para introducirse en la máquina del tiempo y regresar a ese sábado 4 de noviembre. Mientras el resto del país dormía, rezaba, desayunaba, hacía deporte o daba un paseo, Rabin trabajaba en su residencia en el norte de Tel Aviv. Tras revisar documentos confirmando su obsesión por los pequeños detalles, pidió a Haber una reunión a las 11 con el ministro Haim Ramon. Pero éste por primera vez dijo “no” al “general de la paz”, ya que había prometido a su hija asistir a su actuación musical. “Por favor, Eitan, son las únicas dos horas de la semana que puedo dedicar a la pequeña. Pide al primer ministro si es posible aplazar la reunión”, le respondió a Haber. Quedaron a las 4.00 h.

Rabin y su inseparable esposa Lea no jugaron a tenis como cada sábado, ya que estaba constipado. Al mediodía, viajaron en su coche a la casa de una amiga que celebraba su 50 aniversario. Ella al volante y dos guardaespaldas en la parte trasera. Nada más. Hoy es impensable en Israel, donde cada estornudo del jefe de Gobierno es escoltado por decenas de guardias y policías.

“Rabin se negaba a llevar chaleco antibalas. Con un pasado militar tan grande, no podía tener miedo de amenazas de los suyos”, reconoce Haber. Pero las señales estaban ahí. Manifestaciones contra “la capitulación ante el terrorista Arafat”, gritos de “traidor” y muñecos de Rabin con el uniforme de las SS, cartas con excrementos o amenazas de muerte.

yigal-amir

Yigal Amir, el asesino

Días antes, la unidad de protección les pidió en vano hacer el 10 de noviembre un simulacro de evacuación al Hospital Ijilov. El centro donde murió tras ser evacuado sin simulacro alguno. El temor del servicio secreto interno era un atentado de Hamas. “No imaginábamos que un judío podía asesinar a un judío. Rabin tampoco”, confiesa con pesar.

Por la tarde, durmió una siesta. La última de su vida. Tras las reuniones con el millonario austriaco Martin Schlaff y Ramon, Rabin se dirigió a la plaza.

‘¡La violencia no es el camino de Israel!’

Sorprendido ante el colosal éxito de la manifestación, Rabin se desmelenó aparcando su famosa timidez. “La violencia socava la democracia israelí. Hay que condenarla, expulsarla, aislarla. ¡La violencia no es el camino de Israel!”, proclamó Rabin en su último discurso. Tras cantar (no era lo suyo) por la paz, bajó las escaleras. Su euforia duró poco. Amir, que dejó pasar a Simón Peres, apareció por su espalda. En el juicio, y con una media sonrisa, no mostró arrepentimiento. Cadena perpetua.

“Fue un soldado de la paz. Cuando era necesario fue soldado y después, invirtió todo su tiempo e inteligencia para conseguir la paz”, recuerda Haber que se fue de la manifestación antes. Habían quedado para revisar la agenda. Haber le esperó en una casa de Tel Aviv hasta que un guardaespaldas le dijo: “Hay balagan [caos] en la plaza”.

Haber viajó al hospital. Su anuncio, con la voz entrecortada ante un país en trauma y sin respiración, dio la vuelta al mundo: “El Gobierno de Israel anuncia con consternación, gran tristeza y profundo dolor la muerte del primer ministro y ministro de Defensa, Isaac Rabin que ha sido disparado por un atacante en Tel Aviv”.

El periodista AharonBarnea, que informó casi con lágrimas en los ojos, avisa hoy: “La pregunta no es si habrá un nuevo asesinato político en Israel, sino cuándo”.

¿Qué hubiera pasado sin el magnicidio?. “La historia no conoce el término ‘si hubiera’… pero Amir triunfó por la sencilla razón de que aún no hay paz con los palestinos”, responde antes de sentenciar: “Si no se reanudan las negociaciones todos sufriremos mucho” .

@salemergui

Tomado de El Mundo España

 

Artículos relacionados

Top