LA CRISIS DEL MEDICAMENTO

Es urgente que lleguen al país los medicamentos que llenen los anaqueles de las farmacias

Hace unos cinco años fui invitado al programa Tocando fondo, de Globovisión, para junto con otros expertos en el área de la salud analizar la problemática sanitaria de la nación. Recuerdo que lo primero que se me ocurrió expresar entonces fue: “el medicamento en Venezuela está tocando fondo”. A partir de esa premisa se desarrolló el programa, y todos los presentes coincidimos en la necesidad de articular políticas de Estado tendentes a fortalecer el medicamento como herramienta fundamental de la terapéutica. Desde diversas aristas la problemática de la salud en Venezuela giró en torno al fármaco, dejando la extraña sensación de estar a las puertas de una especie de hecatombe, de algo inaudito que podría constituir una tragedia nacional.

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La hecatombe llegó y la tragedia nacional tiene visos de crisis, que nos dice a gritos de la necesidad de hallar de inmediato un mecanismo que posibilite articular la entrega de divisas a los laboratorios para que puedan adquirir la materia prima y así elaborar los medicamentos (recordemos que nuestra industria farmacéutica es ensambladora), y en el caso de los fármacos importados, que puedan llegar a nuestros puertos para que vayan a la cadena de comercialización del medicamento y alcancen por al destinatario final, es decir, el paciente, previo control del Instituto Nacional de Higiene. Es más, habida cuenta del profundo desabastecimiento (algunos hablan del orden del 80%), no podemos esperar a que sean manufacturados aquí (eso llevaría varios meses hasta que se tenga el medicamento listo para ser entregado), y se hace urgente que lleguen al país toneladas de medicamentos, que puedan llenar los anaqueles de las farmacias distribuidas a lo largo y ancho de la república, por la vía de donaciones por parte de los países amigos (medidas de un país en guerra).

¿Cómo llegamos a este extremo? Es lo que nos preguntamos todos, y al respecto se ha argüido por parte del sector oficial como factor principal de la crisis del medicamento (y de la crisis en general) la abrupta caída de los precios del petróleo; pero repito: hace ya cinco años la situación se perfilaba oscura, por las medidas restrictivas por parte del gobierno nacional con el fuerte artificio del control de cambios, que cierra toda posibilidad al libre flujo de la economía y genera a su alrededor toda una parafernalia de distorsiones y de vicios, que nos han traído al punto crucial en el que hoy nos encontramos. Un fuerte mentís a esa tesis es que para entonces todavía el país lucía boyante en su flujo de caja, y nadie podía vislumbrar el desplome de los precios del crudo. Por otra parte, otros países petroleros no están viviendo las embestidas de una crisis similar a la nuestra, lo que denota -a las claras- problemas estructurales: no atribuibles a relevantes factores exógenos.

Se está jugando miserablemente con la salud de los venezolanos y estamos a las puertas de una crisis humanitaria inédita entre nosotros, que entre otras consecuencias traería una dramática elevación de las tasas de mortalidad de la población activa, generadora de riqueza, así como también de personas ubicadas en los extremos sociales: niños y ancianos. En la actualidad, se está reportando (y esto va in crescendo) la muerte súbita de pacientes que requieren tratamientos de por vida, quienes en circunstancias normales (en un país normal) podrían tener una esperanza de vida de varios años; quizás de lustros. Definitivamente, no nos merecemos esto, y mucho menos cuando vemos a países vecinos y de la región con economías envidiables, que amenazan con dejarnos detrás de la ambulancia de no tomarse en este momento las medidas necesarias.

 
Ricardo Gil OtaizaRicardo Gil Otaiza

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