Así lo revelan varios documentos de la época
EL PLAN SECRETO DE ATACAR A HITLER CON HORMONAS FEMENINAS

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Carlos Rebato

Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, los largos años de conflicto provocaron que la paciencia del ejército Aliado comenzara a acabarse al tiempo que apremiaba la urgencia por terminar aquello de una vez por todas. Eso dio lugar a planes más drásticos, algunos bastante estrambóticos.

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Aunque uno de esos planes acabó convirtiéndose, por desgracia, en los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, el departamento de Servicios Estratégicos de la época formuló otro mucho más atrevido algún tiempo antes: feminizar a Hitler a base de hormonas para “amanerar” sus comportamientos y sus impulsos bélicos y hacer que se pareciese “mucho más a su hermana Paula, que trabaja de secretaria” tal y como revelan varios documentos de la época ahora desclasificados y descubiertos por el profesor Brian Ford.

Los efectos de las hormonas femeninas en individuos del sexo contrario se consideraban, dentro del contexto científico de mediados del siglo XX, uno de los grandes avances médicos y ya habían comenzado a utilizarse en algunos lugares de Londres en terapia sexual.

La teoría es que, con altas dosis de estrógeno mediante, Hitler tendría un carácter más suave al tiempo que perdería su autoconfianza y sus ideas de dominación mundial si de repente le salían pechos y perdía el vello facial (o su característico bigote, para tal caso). Hoy en día sabemos que aspectos tan complejos de la psicología humana como el carácter no dependen exclusivamente del sexo y las hormonas, pero en aquel entonces tenía todo el sentido.

“Sobornemos al jardinero”

Los documentos llegan a revelar que el alocado plan fue de hecho perfectamente factible. La presencia de espías británicos y americanos en territorio alemán estaba tan avanzada que cabía la posibilidad de sobornar al jardinero personal de Hitler para que inyectase los estrógenos en las zanahorias del Führer.

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¿Por qué no veneno, y así acabar con él de una vez por todas? Los aliados sabían que Hitler tenía un ejército de sirvientes que probaban la comida antes que él y esperaban unos minutos para comprobar que no estaba envenenada. El plan implicaba, por tanto, no sólo feminizar a Hitler sino también a varios de sus sirvientes hasta que se diesen cuenta pero ya fuese demasiado tarde. El momento “Tengo senos, pero, un momento, Hitler también” hubiese sido impagable.

 Como bien sabemos por la historia, el plan nunca llegó a tener éxito, ya sea porque alguien se dio cuenta de que algo raro pasaba con las zanahorias y el jardinero fue convenientemente eliminado o porque este aceptó el soborno, se quedó con el dinero y no fue más allá.

Feminizar a Hitler forma parte de uno de los muchos planes surrealistas que tanto Aliados como Nazis desarrollaron durante la Gran Guerra. Cigarrillos envenenados, tirar cajas llenas de serpiente, llenar el suelo de pegamento a prueba de infantería o el Gran Panjandrum(una rueda gigantesca llena de explosivos) son otros ejemplos. En caso de que perdiesen, como finalmente ocurrió, los Nazis tenían ideado todo un sistema que envenenaría las reservas de café y el agua para cuando los Aliados hiciesen uso de ellas.

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