EL BACHAQUEO DEL SIGLO XXI

El bachaqueo es a todo evento un producto de la revolución, es la forma de comercio “hecha en socialismo”. Es un circuito comercial típicamente informal y paralelo a los canales regulares.

Mientras la buhonería tradicional vende bienes y servicios en competencia con los sectores formales, el bachaqueo lo hace a veces de modo más bien complementario, y en otros más bien sustitutivo, de los canales formales que transan productos regulados o de muy difícil acceso, vendiéndolos a precios muy por encima del costo oficial o del que tendrían si no se produjeran muy por debajo de su demanda efectiva.

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Abarca desde la harina precocida, hasta las divisas, pasando por toda mercancía cuya demanda está insatisfecha y tiene precios controlados. Atiende al mercado nacional y vía contrabando a la demanda externa. Incluye a comerciantes de todo tamaño, a empleados públicos y agentes privados. Es todo un sistema distributivo paralelo que surge de la oportunidad de adquirir bienes baratos, con la complicidad de funcionarios corruptos, para ser vendidos a precios de mercado, formando una cadena opaca para los controladores ojos oficiales, pero completamente transparente para los funcionarios encargados de manejar las importaciones o la permisología de movilización de mercancías nacional o internacionalmente, en una perfecta unión cívico-militar comercializadora que distribuye mercancías mejor que el gobierno.

El bachaqueo crea varios dilemas. Plantea la disyuntiva entre emplearse o no en el sector formal, o de abandonar el empleo, para dedicarse a una actividad que no requiere mayores estudios, es muy bien remunerada, no paga impuestos ni necesita permisos oficiales. Por su parte, el consumidor se debate cuándo y dónde bachaquear para minimizar riesgos, pérdidas de esfuerzos y tiempo, mientras que hay inversionistas deliberando si hacer negocios bachaqueando, y el gobierno medita si combatirlo con descuidada tolerancia o erradicarlo de veras.

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La revolución ha sido pródiga en negar realidades que los demás vemos y también en postular realidades delirantes que solo ellos perciben. En este sentido el bachaqueo termina siendo una  expresión esquizofrénica representativa de la revolución porque su padre, el Socialismo del S.XXI, niega su  paternidad en lugar de reconocerlo como su producto. Lo señala como la causa del problema que el bachaqueo, precisamente, soluciona: el aprovisionamiento de bienes.

En la narrativa oficial el bachaquero es un delincuente, para el consumidor es una solución irritante. Se trata también de un discurso que altera patológicamente el flujo causa-efecto empeñándose a contracorriente de economistas, sociólogos y hasta del ciudadano común en hacernos ver que es la carreta la que empuja a los bueyes. Acusa a los bachaqueros de ser una extensión de Consecomercio y Fedecámaras cuando son sus competidores enemigos comerciales estructurales. Amenazan al bachaquero con penas en un sistema que brilla por su impunidad, olvidando que es con más producción y menos controles la solución. Más efectivo sería penalizar al funcionario corrupto, pero los grandes bachacos ya son parte del poder y matarán hormigas para guardar las apariencias.

El dirigismo, la centralización, el racionamiento y selvas de controles son típicos del Socialismo del S.XXI, por lo que el bachaqueo resulta ser no una falla del sistema, sino su directa consecuencia, no el agente de una guerra económica que solo ellos ven en su paranoia. En  todo caso sería el encargado de hacerla por ellos. Es consustancial al régimen pues no hay bachaqueo sin controles de precios, ni controles de precios sin bachaqueo. Es lo mismo que el mercado negro cubano o el de la vieja URSS.

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En los chavistas figura como un factor desestabilizador. Fidel castro ve en la escasez un poderoso aliado que diluye más tensiones de las que crea, pues si bien es un factor irritante, no es menos cierto que al mantener ocupada a la población en la procura de bienes escasos, termina siendo un mecanismo consumidor de las energías necesarias para la protesta social y política. El bachaquero luce así cual aliado de la revolución.

Pero Marx en su teoría de la historia señaló que en el capitalismo los rendimientos de la agricultura serían decrecientes, los de la manufactura serían constantes y que conjuntamente con el afán egoísta de lucro del capitalista producirían un ejército de reserva de desempleados, una polarización creciente de clases, la concentración de la industria, beneficios decrecientes y crisis recurrentes que terminarían significando ser “las semillas” de la propia destrucción del capitalismo. Pero el panorama profetizado por Marx se parece más bien a la situación de nuestra agricultura, a nuestra empobrecida Venezuela y al egoísmo gubernamental para quien  guardar las apariencias vale más que la ayuda humanitaria internacional.

El chavismo es tan patógeno que el bachaqueo no es el hijo desnaturalizado que devora a su creador, es el engendro de un sistema que muere de sí mismo.

 
Daniel AsuajeNo photo

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