SIETE TEMPLOS PERO…TODO EL AÑO

El recorrido de los Siete Templos es una de las tradiciones más acendradas de la Semana Santa. Las visitas se realizan durante la tarde del Jueves Santo y, al final, se trata de un símbolo alrededor de la ida de Jesús al Huerto de los Olivos o de Getsemaní, justo donde fue después de la Última Cena. En Venezuela la tradición es muy fuerte. En Caracas, por ejemplo, miles de feligreses realizan la gira año tras año. Solo que desde hace dos años para acá, al menos, ya la manifestación de fe no es solamente en Semana Santa ni tampoco se limita a siete templos. Las visitas son a abastos, mercados, farmacias, buhoneros, bachaqueros de calle, bachaqueros de camión. Siempre con mucha fe de conseguir algo. Vemos cómo es la cosa ahora.

templos

Primera parada. Automercado de los grandes. Marca firme, de muchos años. Presente en todo el país. Las colas enormes en las afueras del local son para tres cosas básicamente jabón, Harina PAN y pasta de dientes. Cola, venta por número de cédula y captahuella de por medio. Lo del sol es lo de menos. Pero usted no va por lo regulado. Usted todavía esos productos se los paga al bachaquero propio. Sea adeco o chavista. Es su bachaquero. Compre al bachaquero mientras pueda. Ya mucha gente está en plan de cola, pues la plata no le da y el bachaquero es muy exigente en eso de los precios y el libre mercado. Es esta parada la cosa no resultó. Ni pollo ni carne. Y los estantes llenos de un mismo producto colocado de lado a lado para que se vea más o menos lleno. Bolsa vacía e intento fallido. Va ganando el bachaquero.

Segunda parada. Automercado grande con estacionamiento propio, pero más feo que gasolinera de pueblo. Claro, es de chinos. Y si es de chinos ahí no pasan una escoba sino una vez al año. Y pintan las paredes del negocio cuando viene Mao de visita. De resto hasta los insectos aplastados contra el cemento de la pared son los mismos que encontraron los chinos cuando llegaron en aquel avión alemán cargado de compatriotas más o menos a mediados de los años 2000. Desde ese momento van varias camadas de chinos que comienzan cargando tomates y un año después montan su propio abasto en Chejendécomo si nada. Es esta parada hay más suerte. Los chinos, cosa rara, siempre tienen café, pollo, carne, pescados y alguna que otra lata de mejillones barata. Eso sí, no hay aire acondicionado y el abasto huele a pescadería. Todo el abasto huele a pescadería y a cosas guardadas. Y otra que no falla. Solo en efectivo. No hay punto.

Tercera parada. A que Joao. Abasto chiquito, pero familiar. Aquí le guardan las cosas por encargo. Más caro, como es natural, pero es un bachaqueo entre amigos. Y de paso comenta la última jornada de fútbol aunque no siga al Benfica o al Oporto. Ya la bolsa lleva algo.

Cuarta parada. El camión de José, el guaro. El que trae las frutas desde Sanare. Resueltos los desayunos. Pero carísimo. Recuerda que “la carretera está hecha un desastre, roban y vengo de lejos”. Y no soy ni socialista ni comunista. Ni me parezco a Mercal. Yo sí trabajo y no hago trampas. Cobro lo que cuesta.

cola

Quinta parada. Donde los chamos de la Colonia Tovar. Listas las verduras y hortalizas. Es lo que sobra. También muy caro, pero son buenas para el colon y matan el hambre porque hinchan. Tampoco se puede con tanto alimento sano. También el cuerpo pide su cochinito.

Sexta parada. Quinta Crespo. Marrano parejo, chuleta, chuletones, tocineta. Hay hasta para exportar, pero, como ya se sabe, más caro que en Nueva York. Pero, vale la pena. Sus arterias serán un poquito menos anchas desde la próxima semana. Pero estará alimentado y sin hambre por algunos días. Lleno más bien.

Séptima parada. El amado bachaquero. Aquí hay de todo. Solo que necesita vender el carro para pagarle a su bachaquero particular y a toda la cadena que saca los productos de Mercal con la ayuda de un montón de socialistas amantes de la plata fácil.

¿Las farmacias? Ni vaya. No hay. Nunca hay. Ya hasta se ríen. Y por alguna extraña razón no hay bachaquerismo de medicamentos.

Siete paradas. Todas las semanas. Todo el año. Es el infierno que le tocó vivir al venezolano justo en el nuevo siglo.

Pero en vida.

 
Elides J. Rojas L.Elides J. Rojas L.

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