AHORA SON LOS SAUDITAS

En la década de 1970, Alaska y Noruega querían evitar el desastre que es capaz de provocar el petróleo en los pueblos y lugares donde se descubre. Los Estados petroleros son conocidos por sus economías de montaña rusa, altas tasas de inflación, despilfarro y corrupción. La dependencia gubernamental del petróleo ocasiona la pérdida de diversidad económica, agricultura, fábricas, innovación económica y competitividad nacional.

Esto es lo que ha pasado en cierta medida en las naciones petroleras de Irán, Argelia, Angola, Nigeria, Rusia y Venezuela. “Pasarán 10 años, pasarán 20 años, y verán cómo el petróleo nos llevará a la ruina, el petróleo es el excremento del diablo”,  pronosticó Juan Pablo Pérez Alfonzo allá por los años setenta. Muchos años después, Venezuela está arruinada a causa de su dependencia del petróleo.

saudi

Así las cosas, no cayó un desastre sobre Alaska o Noruega. Allí, la inflación y las tasas de interés son casi cero; la economía es diversa; la innovación y la competitividad son contundentes. La pobreza y la inequidad están reducidas a su mínima expresión. Alaska y Noruega evitaron el desastre por ahorrar de 20% a 25% de los ingresos petroleros en una cuenta propiedad de la población –no del Estado– y hacer inversiones en educación y empresas de la población, y no del Estado. El resultado: Alaska y Noruega evadieron la inflación, el despilfarro y la corrupción gubernamental tan obvios en los Estados que dependen de la renta petrolera.

Ahora Arabia Saudita está haciendo lo propio. En preparación para el futuro, los sauditas privatizarán una porción de Aramco, la empresa petrolera nacional y recaudarán dos billones de dólares en capital, cifra esta que se invertirá en el sector privado de corporaciones nacionales e internacionales con miras a diversificar la economía y generar millones de empleos para sus nacionales.

Al igual que Venezuela, la mitad de la población en Arabia Saudita es menor de 25 años. El petróleo es la fuente de empleo para muy poca gente. De tal manera que no es una solución económica sino un problema, si no se planifica cuidadosamente. En un libro en 2006, documentamos la manera en que Venezuela podía crear un fondo permanente de 48 mil millones de dólares para invertir en empresas privadas que generaran millones de empleos en una economía diversa y, en consecuencia, erradicar la pobreza. Arabia Saudita lo está haciendo ahora. ¿Es demasiado tarde para que Venezuela comience a pensar sobre lo que anticipara Pérez Alfonzo hace tantos años?

Traducción: Conchita Delgado Rivas

 

Artículos relacionados

Top [GTranslate]