AQUEL FALLIDO ABRIL

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“Usted (Chávez) negocia para alcanzar sus objetivos comunistas y vende y traiciona a su patria y pueblo por su ambición personal… Somos un país digno de ser gobernado por algo mejor que usted”.

General Néstor González González, 10 de abril de 2002.

El 13 de abril de 2002, día de mi cumpleaños, se quedó frío el almuerzo familiar, en medio del sacudón que experimentaba el país y la angustia por mi seguridad. Había reportado desde los micrófonos de la radio en Valencia el minuto a minuto de los acontecimientos que habían llegado a su punto culminante el 11 de abril.

El 13 en la mañana, manejando hacia Caracas donde “celebraría” con los míos, había un inusual movimiento en la autopista: camiones y autobuses con gente vestida de rojo, vehículos militares, control en los peajes. Entré por Baruta, alarmada por la soledad en las calles y los comercios cerrados o bajando su santamaría. Ya en casa, veíamos avionetas despegar una tras otra desde La Carlota. Las informaciones eran preocupantes: la falta de acuerdo entre los militares y la jugada adelantada de Carmona Estanga, que vio la silla presidencial vacía y se sentó. Ese fue el verdadero golpe, pero contra la voluntad ciudadana de lograr una transición pacífica con la renuncia de Chávez y proceder así a una nueva elección presidencial.

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Los polvos que trajeron estos lodos los aportó completicos Chávez. “Venezuela va hacia la misma dirección, hacia el mismo mar hacia donde va el pueblo cubano, el mar de felicidad”, dijo en La Habana. El país lo veía reunido con todos los malvivientes que gobernaban dictatorialmente otros países, escuchaba su discurso ofensivo hacia Estados Unidos, hasta entonces el primer socio comercial de Venezuela. Había cambiado el nombre del país, la bandera, el escudo y la Constitución. Obtuvo de esa asamblea electa después de la Constituyente una habilitante que le permitió legislar a su antojo. El 13 de noviembre de 2001, firma 49 polémicas leyes que le permiten echar mano de los recursos de PDVSA, tomar tierras y posesiones privadas discrecionalmente, expropiar o estatizar empresas.

Fedecámaras, presidida por Carmona Estanga, decide en una asamblea extraordinaria ir a un paro nacional de 12 horas el 10 de diciembre. Se suman la CTV, presidida por Carlos Ortega y la gerencia de PDVSA, molesta por los intentos de financiamiento de campañas electorales en el exterior o planes sociales con dineros de la petrolera. Los partidos políticos, destruidos por derrotas electorales y la difamación constante de Chávez, no se ponen de acuerdo. AD sugiere declarar al Presidente incapaz mentalmente, mientras Arias Cárdenas, entonces en la oposición, llama a referendo consultivo. La Iglesia pide al gobierno un cambio de políticas.

Para febrero del 2002 las reservas internacionales han caído a 10 mil millones de dólares y el bolívar se ha devaluado en 20%. Chávez destituye al presidente de PDVSA,  Gral. Guaicaipuro Lameda, porque no le da los recursos que exige y nombra a un incondicional suyo, Gastón Parra Luzardo, violentando la tradición meritocrática de la empresa.

Comienzan las voces militares a hacer pronunciamientos: el Cnel. Pedro Soto,  el C/A Carlos Molina Tamayo, el Gral. Román Gómez Ruiz, el Tte. Cnel. Hugo Sánchez, el Gral. Néstor González González. Ante los oídos sordos del gobierno, la CTV anuncia una huelga general de 48 horas, a la cual se unen Fedecámaras y los ejecutivos de PDVSA. El 7 de abril, en su programa Aló Presidente, Chávez con un pito en la boca, despide a toda la alta gerencia petrolera.

El primer día de la huelga, 9 de abril, el gobierno inicia una serie de cadenas presidenciales, 2 por hora, para mostrar un país en supuesta normalidad. Carlos Ortega desmiente al gobierno, y asegura que el 80% del país se ha paralizado. Varias televisoras privadas parten la pantalla y muestran las dos caras de la noticia. Esa noche Carlos Ortega anuncia que la huelga general será indefinida al no conseguirse superar la crisis. Otros sugieren una marcha desde Parque del Este hasta PDVSA Chuao el 11 de abril.

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Ese día, más de un millón de personas se congregaron y terminaron avanzando hasta Miraflores. El Presidente ordena activar el Plan Ávila y el canal 8 llama a los chavistas a defender la revolución. Cuando la marcha llega al centro de la ciudad, comenzó el caos, enfrentamientos y disparos. Uniformados, francotiradores y pistoleros, produjeron 20 muertos y casi 100 heridos. Mientras esto ocurría, Chávez en cadena, tomando café en Miraflores, contrastaba en la pantalla dividida por las televisoras privadas con el horror de lo que sucede en la marcha.

En medio de tal caos, militares en Fuerte Tiuna solicitan la renuncia del Presidente, la cual es anunciada por el  Ministro de Defensa, Gral. Lucas Rincón a las 2 de la madrugada del 12 de abril. La falta de acuerdo entre los oficiales de Fuerte Tiuna impide plantear al presidente a su llegada, una decisión sobre su destino. Chávez pedía irse a Cuba con su familia y garantía de inmunidad. Pero algunos querían enjuiciarlo por los daños ocasionados al país. En esos momentos un grupo de militares, ante la incertidumbre del vacío de poder (el vicepresidente Diosdado Cabello se había refugiado en una embajada) se unen a Pedro Carmona para proclamarlo presidente, decisión que sorprendió a otros oficiales, que como el Comandante del Ejército, Vázquez Velasco, se desmarcaron de esa situación. Más de 200 personas de la sociedad civil asistieron en Miraflores a una apresurada juramentación, donde se disuelven todos los poderes públicos, la representación diplomática, se eliminan las 49 leyes habilitantes y se retorna a ser República de Venezuela.

Ya habían trasladado a Chávez a la base de Turiamo y luego, en la mañana del 13, a La Orchila, donde pidió un sacerdote. Allí acudió el cardenal José Ignacio Velasco, quien se regresó con Chávez en el mismo avión a Caracas, porque el Gral. Raúl Isaías Baduel  había tomado el control del regreso. Habitantes de los populosos barrios alrededor de Miraflores estaban en la calle pidiendo el regreso del depuesto presidente. Diosdado había reaparecido y fue juramentado como presidente por 2 horas, mientras Chávez retornaba.

Conclusiones claras: 1) la sociedad venezolana y PDVSA tenían razón en su protesta, la realidad de Venezuela y de la estatal petrolera hoy es consecuencia de 17 años de destrucción chavista 2) los militares no dieron un golpe de Estado, Carmona aprovechó el vacío 3) Chávez renunció, negoció su salida de Venezuela, pidió que no lo mataran, y cuando vio que tenía posibilidades de retornar echó para atrás la renuncia y comenzó a hablar de golpe. 4) Si Chávez hubiese renunciado en paz, le habría ahorrado a Venezuela este drama.

 

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Un Comentario;

  1. oda lopez said:

    Excelente articulo, digno de una clase de Historia Contemporanea de Venezuela…la felicito!!

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