OTRO TRIMESTRE PERDIDO

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Con el trimestre que finalizó la semana pasada, son doce los trimestres perdidos desde que el Presidente Nicolás Maduro se juramentó, sin que haya habido alguna acción eficiente para corregir las distorsiones macroeconómicas. Lejos parecen aquellos días de abril de 2013, cuando el petróleo (WTI) estaba cerca a los $ 60; el $ libre en Bs. 28; las reservas internacionales en $ 26,000 millones, y la inflación anualizada en 28%. Tan factible parecía tomar las medidas sensatas necesarias para reajustar y reconducir la economía en ese momento, que en los mercados financieros se observó una reducción importante del riesgo país.

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Lo sucedido -o mejor dicho, lo que no ha sucedido, en este primer trimestre de 2016- subraya los inmensos costos sociales de la inacción; o peor todavía: la escogencia permanente del sendero equivocado ante cada cruce del camino en opciones de políticas económicas. Resumimos: petróleo en $ 30 y tanto; $ libre a más de Bs 1,000 (¡35 veces más caro que en 2013!); reservas internacionales en $ 13,000 millones (en otras palabras reducidas a la mitad mientras los billetes en circulación se multiplicaron por 6); y una inflación anualizada que el Banco Central de Venezuela no se atreve ni a publicar, pero que, extraoficialmente, se sabe que excede el 300% y que, a este paso, pudiera estar llegando al 500% para mediados de año.

La actuación del Gobierno del Presidente Nicolás Maduro es un caso digno de estudio para las cátedras de economía de las principales universidades del mundo. En el trimestre, se tomaron medidas aisladas y a medias; y las más medulares, como una reforma a fondo del sistema cambiario, quedaron a medio hacer, mientras que se perdía el tiempo pretendiendo distraer a los empresarios y a la opinión pública con unos míticos motores microeconómicos que no tienen el más mínimo chance de despegar. Y será así mientras no se enfrente a la madre del cordero: una economía desquiciada y asfixiada por controles de precios inmanejables e inviables; un sistema de cambio kafkiano; y una gigantesca impresión de dinero sin respaldo que inyecta cada vez más circulante para producir cada vez menos bienes cuya producción y distribución, para colmo, se restringe con medidas aisladas y absurdas como una suerte de asueto que apunta a ser permanente.

En 1972, el inimitable Miguel Thoddé narraba por radio una pelea del ídolo nacional Betulio González, y en la que, a decir del locutor, en aquel lejano Bangkok, Betulio iba hacia un triunfo irreversible, hasta que llegó su famosa frase: “se cayó Betulio”. Tal vez el efecto de la mentalidad de “carretas en laager”[i] prevalente en Miraflores, sea el motivo de la inacción. Pero, por el bien del país, esperemos a que esto cambie antes que lleguemos a tener que oír ese último comentario de Thoddé en aquel histórico match de boxeo.

[i]Fortín de carretas de los colonos afrikaaners para defender sus caballos y vituallas de quienes los atacaban.

 

 
Aurelio ConchesoAurelio Concheso

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