ADRIANI Y LECUNA POLEMIZAN

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En la década de los años 30 del siglo XX la opinión pública nacional presenció una importantísima polémica entre dos venezolanos prominentes: el economista Alberto Adriani y el banquero Vicente Lecuna. El desenlace de aquella polémica marcaría el futuro del desarrollo económico de Venezuela. Ambos personajes discutían sobre cuál debía ser el tipo de cambio (único) apropiado para que el país creciera y se desarrollara.

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Venezuela sufría los efectos de la Gran Depresión luego de haber disfrutado de enormes ingresos de divisas provenientes de la masiva expansión de la industria petrolera en la década de los años 20. El petróleo había desplazado a la agricultura (principalmente café y cacao) como primer componente del producto nacional y de los ingresos fiscales y de divisas. Los precios de los productos agrícolas se desplomaron entre 40% y 80% en los mercados mundiales. Los países competidores de Venezuela devaluaron sus monedas y elevaron sus aranceles para proteger su agricultura e industria local.

Lecuna y su colega H. Pérez Dupuy abogaban por un bolívar fuerte (sobrevaluado) que abaratara las importaciones, evitara la inflación y apuntalara el crecimiento, seguros de que los precios de las materias primas subirían al concluir la Gran Depresión.

Adriani propuso devaluar el bolívar para que las exportaciones del país no perdieran competitividad. Con un dólar barato, advertía, todo se importaría y nada se produciría localmente. Aun si subían los precios de las materias primas, un bolívar sobrevaluado sacaría de los mercados internacionales a los productos agropecuarios y agroindustriales de Venezuela.

El estadista merideño temía que la excesiva dependencia petrolera atrofiaría las posibilidades de desarrollo de una economía diversificada, deprimiendo las actividades de bienes transables (agricultura e industria), a favor de las de bienes no transables, como los servicios financieros, los seguros y los servicios gubernamentales.

Adriani fue así pionero de lo que hoy los tratadistas denominan la Maldición de los Recursos y la Enfermedad Holandesa. Los gobiernos sucesivos mantuvieron un dólar barato y un bolívar sobrevaluado. Por ello Venezuela sigue siendo una economía monoproductora, rentística y no diversificada.

 

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