EL CHAVISMO Y LA AMENAZA PETROLERA

Copiando a Carlos Andrés Pérez los bolivarianos amenazan con dejar de venderle petróleo a USA, un bien que allí ni quieren, ni les interesa

Escucho impresionada mientras busco en el dial de una emisora radial una propaganda chavista que les explica a los suyos más o menos que: “Los Estados Unidos, haciendo uso de tecnologías que pueden destruir a la tierra, ha aumentado su producción y ya no quiere comprarnos más el petróleo”. Ésta es la conclusión a la que han llegado estos genios, de que ahora es posible una “guerra de precios” que lógicamente, cómo podía ser de otra manera, busca la destrucción de Venezuela. He allí la simplicidad de la idiotez latinoamericana, que después de muchas décadas no ha entendido que con los ricos y los poderosos, no se juega. Reflexiono y decido que bien vale la pena revisar una historia para muchos demócratas desconocida y que considero necesaria a la hora de defendernos del discursito aburrido de la izquierda setentona que nos gobierna.

El presidente Carlos Andrés Pérez durante el acto protocolar de la Nacionalización Petrolera en 1976

El presidente Carlos Andrés Pérez durante el acto protocolar
de la Nacionalización Petrolera en 1976

En su cuarto mensaje al Congreso Bicameral en el año de 1968 un orgulloso Raúl Leoni le explicaba al país que: “Durante el año de 1967 la producción de petróleo crudo alcanzo los 3.542.120 barriles”, siendo exportados cerca de 3,32 millones al exterior, principalmente a Estados Unidos y en segunda instancia a Europa y al Asia. Fue entonces cuando  llegó para quedarse en la psiquis de todos los venezolanos, ese lamentable pensamiento chavista que siempre ha existido en Venezuela: somos un país rico.

Exactamente en el IV mensaje al Congreso una década más tarde un más ufano aún Carlos Andrés Pérez gritaba iracundo que había logrado el control del petróleo y se habían aliado con los árabes, con los que había impuesto finalmente un precio justo al petróleo. Pérez, como Chávez, cartelizado con los árabes, fue realmente el primero que utilizó el petróleo como arma política sin entender jamás que en esas guerras políticas, siempre la pierde el más pendejo.

Si bien Venezuela no participó en el embargo petrolero árabe, si aprovechó la coyuntura para imponer sus propias reglas del juego. Carlos Andrés Pérez trató de arrodillar e imponer –junto al cartel- una “nueva realidad”, pero lo hizo con el mismo atropello absurdo del marxismo trasnochado. No había nadie más revolucionario que él y en su cabeza de líder sub desarrollado, creía ciegamente que una decena de pobres unidos y envalentonados, equivalían a un rico.

Fue el presidente Ford el que denuncio en la ONU la maniobra el 20 de septiembre del 74. “Los países productores están utilizando el petróleo como arma política” dijo y allí brincó la precuela de Chávez, un irritado Pérez en tono de guapetón de barrio exclamando que el discurso de Ford ante la ONU era una “amenaza abierta a la soberanía de Venezuela”. A partir de allí, en aras del “bienestar de la patria” había que “independizarse de los Estados Unidos” y sacó de ese mercado 1,5 millones de barriles diarios, dejando apenas 522 mil para agosto de 1975 (EIEA).

Dentro de su precariedad, el revolucionario latino no se daba cuenta de que ni los rusos, ni los chinos habían dejado jamás de comerciar con los Estados Unidos, pero sobre todo jamás vio venir a sus amigotes del cartel que se apresuraron a aprovecharse de la idiotez de Pérez. Así, mientras el “pre-chavismo” hacia de las suyas, los árabes invertían “todo lo que recibían del petróleo en los Estados Unidos” (ABC), y de esta manera Arabia Saudita que vendía 500 mil barriles diarios a USA, aumento a 1,72 millones de barriles durante Pérez, exactamente la misma proporción que los venezolanos en apenas dos años, con el agradecimiento infinito de la familia real, al chavismo prehistórico, habíamos disminuido como proveedores de los estadounidenses.

bush-chavez

Por eso Carlos Andrés Pérez se maravillaba de su obra libertadora al exportar apenas la mitad de los barriles de 1961: “Si tomamos en cuenta –exclamó- el nivel de las exportaciones de 1974 situadas en unos 2,2 millones de barriles, con las disminuciones que en la producción fue haciendo mi gobierno significa que hemos dejado de producir 723 mil barriles adicionales” lo más dramático, fue el aplauso de los presentes que gritaban “libertad”.

En apenas una década el gobierno había reducido prácticamente a la mitad (1,6 millones de barriles) las exportaciones con la única finalidad de “independizarse de los Estados Unidos”. Mientras eso ocurría a Venezuela simplemente se la vacilaron “nuestros compañeros de cartel” que justo al momento de las palabras de Lusinchi exportaban desde Medio Oriente y áfrica 6,16 millones de barriles a Estados Unidos mientras que Venezuela apenas participaba con el 10% de esa cifra, los venezolanos a 2 mil millas náuticas de ese país y con las reservas más grandes del planeta, nos habíamos libertado de ese mercado.

La libertad, vino de la mano con una realidad y frialdad pasmosa. Cuando la prensa estadounidense le preguntó al presidente Ford que haría ante “la amenaza venezolana”, su respuesta fue la misma que la de Bush décadas más tarde. No habría invasiones de película, ni retaliaciones económicas, la libertad, solo se combate con libertad- dijo. Por eso El 28-08-74 Ford explicó: “No podemos hacer nada ante las medidas (amenazas) de un país como Venezuela. Estas iniciativas se deben enfrentar estimulando el proyecto de independencia a largo plazo y a través de una acción conjunta de los países consumidores a corto plazo”. El mismo mes que Pérez le explicaba a la nación “la liberación de Venezuela” y que las exportaciones habían descendido a menos de la mitad, un presidente Ford firmaba un proyecto desconocido, el “Eastern gas shale” para comenzar los estudios de un novedoso método de extraer combustible, el fracking, otorgando los primeros fondos públicos para su estudio por 10 millones de dólares.

Había nacido una nueva era que durante años se mantuvo en secreto mientras era gestada y que le explotó en la cara al siguiente chavista gritón de la historia. Había comenzado la era del Shale. Pero como la estupidez, insiste siempre, parafraseando a Albert Camus, a Hugo Chávez no se le ocurrió mejor idea que volver a amenazar a ese país más de ocho veces con suspender el envío de casi dos millones de barriles de petróleo. No hubo una invasión yankee, el silencio vino con algo más peligroso para Venezuela, cuando en el discurso del “Estado de la Unión” del año 2006 George Bush respondió a la bravuconada revolucionaria de Chávez con: “haremos la dependencia del petróleo, una cosa del pasado (…) aplicando el talento y la tecnología reduciremos las importaciones en más del 75%”. En fin que estos idiotas jamás se dieron cuenta que el problema grave no es que el imperio quiera nuestras riquezas, sino que estamos metidos en un problema mayor y más grave, es que ya nadie las quiere, ni les interesa.

 

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