Final Champions 2016
¿POR QUÉ ESPAÑA DOMINA EN EUROPA?

La selección, con sólo cuatro campeones en los ‘onces’ finalistas, ya no explica el éxito. Cuatro claves de la excelencia: las finanzas de los grandes, el liderazgo de Simeone, la ‘excepción’ sevillista y los milagros ‘humildes’

JAVIER SÁNCHEZ

Los descreídos mantienen sus argumentos, ¡Qué bien organizada está la Premier! ¡Cuánto piensa la Bundesliga en el aficionado!, y merecen ser escuchados, y tienen parte de razón, pero la definición es innegable: la Liga es, en efecto, la mejor liga del mundo. Repitan esta frase: el 18 de mayo, en el St. Jakob Park de Basilea, a las 20:45 horas, el Sevilla disputará la final de la Europa League y el 28 de mayo, en el Giuseppe Meazza de Milán, a las 20:45 horas, Real Madrid y Atlético jugarán la final de la Champions.

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Un hito casi monopólico, tres de cuatro, que España ya alcanzó con idénticos protagonistas dos temporadas atrás, con el Benfica como extraño, como ahora el Livepool, y que sólo el Calcio de los años noventa había conseguido.

Entonces, eso sí, los formatos eran otros. Desde que en 2000 las competiciones europeas se convirtieron en lo que son, es decir, quedaron reducidas a dos y se aceptaron múltiples inscritos por país, el dominio patrio es tajante y exhibe estadísticas: 14 de los últimos 30 títulos han sido españoles (Inglaterra sigue con seis); también 23 de las últimas 68 plazas de finalistas (Inglaterra suma 11); cuando acabe este mes se habrán celebrado cinco finales nacionales (como mucho, otros países disfrutaron de una); sólo en cuatro temporadas España se quedó sin finalistas…

Un paradigma tan manifiesto que merecería una explicación rotunda, pero que, en realidad, no la tiene. En muchas ocasiones, el éxito pretérito de la selección se consideró porqué, pero con sólo cuatro campeones titulares en los conjuntos finalistas (Sergio Ramos, Juanfran Torres, Fernando Torres y Fernando Llorente) es difícil mantener su importancia. Sería más acertado hablar de un cúmulo de razones, desde la envergadura de los dos grandes hasta la aparición de proyectos tan humildes como dispares pasando por los casos de Atlético o Sevilla. Por partes.

La solidez de los grandes

Si la supremacía es incuestionable, más lo es la relevancia de Real Madrid y Barcelona en la misma. Pese a algunos problemas estructurales (la deuda, líos presidenciales), el tamaño de sus presupuestos y la coincidencia de jugadores extraordinarios les obligan a alcanzar una final de Champions cada tres o cuatro años y, hasta ahora, lo han conseguido: desde 2000, entre ambos han disputado ocho finales (cuatro y cuatro), siempre con victoria. En este ciclo, no hay ningún país que se acerque a sus siete títulos (Inglaterra e Italia suman tres) y, además, si se observa una tendencia, ésta es creciente: con cuatro trofeos de los últimos siete (que pueden ser cinco de ocho) se antoja complicado que su presencia se interrumpa.

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Simeone y el modelo del Sevilla

Deberán seguir peleando contra ellos los atrevidos que busquen gloria, entre ellos, claro, el Atlético. Su caso es curioso: el curso que la UEFA decidió modificar sus competiciones bajó a Segunda. Hasta 2007, de hecho, no regresó a Europa, pero su progreso desde entonces es inmejorable. Tras cierto pacto con el diablo (los fondos de inversión) y la llegada de un líder, Diego Simeone, su notoriedad demuestra lo heterogéneo del predominio español: con su estilo alejado del toque de la selección ha logrado dos títulos de Europa League y dos presencias en finales de la Champions.

El Sevilla celebra el paso a la final de la Europa League, tras ganar al Shakhtar.

La única cercanía con un club patrio es la adopción de un modelo (comprar barato, vender caro) que el Sevilla lleva perfeccionando más de una década. Desde que Ramón Rodríguez Monchi se encarga de su dirección deportiva, la entidad ha acumulado aciertos constantes en su política de fichajes y ha ganado cuatro veces (que ahora pueden ser cinco) la segunda competición continental.

Los milagros humildes desde el banquillo

Es el ejemplo para muchos clubes que, aunque hayan alcanzado su nivel en algún momento, lastrados por el reparto desigual de los ingresos televisivos nunca han logrado su regularidad. En estos años, la Copa de la UEFA/Europa League ha observado milagros españoles basados en una labor singular desde el banquillo y la firme convicción en ella de los jugadores: el Alavés que cayó ante el Liverpool en un increíble encuentro en 2001; el Valencia campeón en 2004 ante el Olympique de Marsella; el Espanyol que perdió en los penaltis ante el Sevilla en 2007; y el Athletic finalista ante el Atlético en 2012 en Bucarest. El Villarreal se pudo convertir este jueves en el noveno equipo patrio capaz, pero, pese a su desdicha, la definición sigue siendo innegable: la Liga es, en efecto, la mejor liga del mundo.

@javisanchez

Tomado de El Mundo España

 

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