MIENTRAS MÁS RÁPIDO, MEJOR

Es necesario iniciar la reconstrucción del país. La fecha será, inevitablemente, después de que los actuales conductores terminen el arduo pero efectivo trabajo de destrucción. Es así. Mucha gente pensó que después de las elecciones del 6D el chavismo, la cúpula o sus asesores, apuntarían a negociar una transición inteligente y relativamente civilizada que, en poco tiempo, permitiera trabajar de verdad por un mejor país.

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Pero no. No ocurrió así. El chavismo, a pesar de ser una minoría inocultable en todos los ámbitos, insiste en mantener como modelo de gobierno un sistema socialista que ni en la Constitución está, aunque esto de socialismo no tiene ni siquiera la disciplina y seriedad ideológica que caracterizó a otros regímenes pintados del mismo color.

Venezuela, en medio del caos y boqueando, sufre los golpes disparejos pero certeros de un equipo de gobierno especialista en la improvisación, ayudado con una buena dosis de propaganda y mucho de habladuría. Así el país llega a más de 17 años de sistema socialista degradado a merengada de desorden con piratería y, para completar la obra, totalmente limpio. O malgastaron los dólares, o los regalaron o se los metieron al bolsillo. La verdad es que después de una enorme lluvia de plata proveniente de los altos precios petroleros, Venezuela pasó a la depresión y a la quiebra sin ni siquiera darse cuenta. Pero eso es sabido y se sufre diariamente. No hay nada en pie, salvo las barricadas creadas por el gobierno para mantenerse en el poder. Es lo único que funciona. Veamos, según lo dicho por expertos, que es lo que viene. Qué toca hacer para devolverle la cara a Venezuela de país vivible.

Cambiar el modelo económico, muy castrista y retrógrado para funcionar en este milenio. Eliminar el control de cambio. Eliminar los controles de precios. Minimizar la intervención del gobierno en actividades que no le son propias. Privatizar ese montón de empresas, fincas, haciendas que el chavismo expropió o confiscó para hacerse más poderoso y raspar al sector privado, pero que terminaron absolutamente quebradas. Eliminar todas las alcabalas creadas para otorgar permisos o licencias con la única intención de cobrar vacunas. Generar la legislación y las políticas necesarias para que la inversión privada regrese apoyada en una verdadera seguridad jurídica. Sin tanto abusador de poderes públicos sueltos, la inversión nacional y extranjera volverá con todos los hierros.

Recuperar Pdvsa y quitársela a los hermanos Castro. A ese par lo único que le interesa del país son los dólares que ingresan y ahora mismo no entran por ningún otro lado que no sea la casa petrolera. Entra menos, pero gente como Caldera o Carlos Andrés Pérez, que  le provocan tanta dentera al chavismo, gobernaron con precios del crudo más bajos y no faltó ni leche ni carne. Reactivar las empresas básicas de Guyana. Invertir de verdad,  sin robaderas, para consolidar un sistema eléctrico confiable y de largo plazo.

Liberar de las cadenas absolutistas al TSJ, al CNE, a la red de medios públicos, la banca del gobierno, los poderes en general sometidos al palo implacable del Ejecutivo. Devolver la transparencia a las operaciones del Estado y abandonar la matraca contra el sector privado. El BCV sin autonomía no es un verdadero Banco Central. Eso del millardito de Chávez lo destruyó. Destruyó al Banco y al bolívar. Desarrollar una efectiva red hospitalaria y de salud. Restablecer las bases de unos organismos policiales serios, no viciados y que de verdad estén en la acera contraria del hampa. Esas cosas que llaman colectivos, en su mayoría, no son más que bandas armadas. Solo existen en Estados fascistas. Ponerle freno al narcotráfico, al secuestro, a la extorsión y a la actuación al descampado de bandas criminales y otras agrupaciones disfrazadas de movimientos de izquierda armados. Rescatar la institucionalidad y fines de la educación en todos los niveles.

Y falta mucho más.

Menudo trabajo le tocará a las generaciones que vengan después del tsunami chavista.  Mientras más tarde será más difícil.

 
Elides J. Rojas L.Elides J. Rojas L.

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