Entre aquellos que se buscan o se aferran al poder…

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CRÓNICA COTIDIANA

Esta semana, en el grupo de WhatsApp de la comunidad donde vivo, se presentó un diálogo que retrata de cuerpo entero la crisis del país. Una vecina pregunta si alguien sabía lo que pasaba con Leopoldo, el señor que hace el mantenimiento en las calles, a quien veía demasiado flaco. Suponía que estaba enfermo. Otra vecina fue a preguntarle y recibió la respuesta más desgarradora que hubiésemos imaginado. Leopoldo le contestó que no tenía comida, que con suerte comía una vez al día lo poquito que conseguía o que podía pagar. Unos días antes el joven ayudante del camión cisterna que nos surte de agua, me confesaba que no había desayunado ese día porque el último poquito de cereal se lo habían dado al hijo pequeño para que fuera a la escuela.

Esto ocurre en el país que una vez tuvo el mayor ingreso per cápita en América Latina. El país donde venía gente de todas partes a buscar oportunidades, trabajo y progreso. Un país que tuvo una vez sus anaqueles llenos y donde no mataban 25 mil personas al año.

Este es el país que nos dejaran 18 años de latrocinio, de robo, de corrupción, de cientos de nuevos mil millonarios que asaltaron el poder en nombre del socialismo y de los pobres para hacerse los ricos que tanto criticaron.

Maduro sabe que esto que narramos está ocurriendo en miles de familias en todo el país. Sabe que un estallido de indignación, de hambre y de rabia puede tener lugar en cualquier momento. Por eso hoy Maduro ensaya su última carta, quema su último cartucho. Hace la amenaza final del gran Armagedón, de la toma de las fábricas, la cárcel para los que protesten, el Estado de Excepción.

Maduro en su laberinto no se ha enterado que la desesperación no cree en amenazas. Basta que dé igual que te maten en la calle de un tiro a morirte de hambre en la casa. Ya falta muy poco para que ese chip se encienda en la mente de millones de compatriotas.

Esto también deberían saberlo los dirigentes de la oposición venezolana. A veces asombra como las agendas de las fuerzas democráticas que deberían estarse preparando para encauzar por la vía democrática la protesta social para que esta tenga expresión política, sigue anclada en la contemplación de mirarse el ombligo; de  pelear por el número de banderas en las marchas; consumiéndose en la campaña de unas elecciones que no sabemos si tendrán lugar.

Nunca antes se juntaron tantas condiciones para que los venezolanos podamos salir de esta pesadilla. Tenemos 3 hombres en base sin outs, el pitcher contrario descontrolado. Hay que esperar la buena, no quitarle la vista a la bola y prepararnos para hacer el swing decisivo.

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…y la muerte que vestida de hambre corroe la fuerza vital de la población

 
Julio Castillo SagarzazuJulio Castillo Sagarzazu

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