LA MISIÓN DE JORGE RODRÍGUEZ

Nicolás Maduro le ha encargado a Jorge Rodríguez un trabajo muy específico: sabotear el proceso del referendo revocatorio. La pretensión es que no se haga, lo cual, por cierto es una pretensión muy difícil de realizar, al menos que se logre diferir la fecha del referendo revocatorio para el 2017, cuando ya no tenga la misma eficacia política. En ese caso, el revocatorio quedaría malogrado.

Estas cosas no suenan gratas, pero hay que decirlas ahora, porque sería absurdo subestimar la capacidad de maniobra de Jorge Rodríguez, en particular con un CNE que está dispuesto a secundarlas. Lo cierto del caso, es que ya el proceso del referendo revocatorio es más complicado que el efectuado en el bienio 2003-2004.

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Por la vía reglamentaria, la hegemonía se ha encargado de hacerlo más tortuoso. Recuérdese que el proyecto de Reforma Constitucional de 2006, reforzaba las exigencias para su convocatoria, y como ese proyecto fue electoralmente rechazado, las exigencias se establecieron a través de reglamentos, y no nos deberíamos sorprender si surgen nuevas complicaciones normativas.

Mucha gente piensa que el reciente firmazo es el definitivo, más no es así. Inventaron un “pre-firmazo” para someterlo a un escrutinio de mala fe, siempre con el fin de encaratar las cosas. En no poca medida, eso fue lo que hicieron durante el primer revocatorio, y eso es lo que están haciendo en el segundo, sólo que en el presente la situación política es extremadamente adversa al oficialismo, lo que los motiva más a incrustarse en el poder.

En ese sentido, la presión socio-política es indispensable para que se haga valer la voluntad popular. Pero no una presión declarativa o meramente deliberativa, que al fin y al cabo presionan poco. No. Una presión que encauce y demuestre el masivo descontento social, y la correlativa aspiración de cambio político. Se están dando pasos en ese camino, pero los pasos pueden ser más efectivos.

Minusvalorar al alcalde Jorge Rodríguez, en su misión de verdugo del revocatorio, sería una estupidez. Lo que corresponde es impedir que se salga con la suya, y ello no depende de los legalismos burocráticos, sino sobre todo de la expresión política de la abrumadora mayoría de los venezolanos.

Esta tiene que hacerse sentir, hay que impulsar que ello sea así, hay que evitar que el pueblo venezolano sea nuevamente burlado por el poder establecido, hay que producir el cambio sustancial, con revocatorio o con renuncia.

 
Fernando EgañaFernando Egaña

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