REINA SIN VANIDAD

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Se ha ganado el respeto de su profesión, de los medios y del público, pero Helen Mirren dice estar llena de inseguridades

Irene Crespo

Cabeza alta. Mirada firme. Voz seria y acogedora. La entrada de Helen Mirren en la habitación de un hotel en Toronto invita a levantarse y reverenciarla. Pero ella nada odiaría más. Ha interpretado a muchas reinas en el cine y el teatro, pero no le gusta que la traten como tal. De lenguaje directo, no se entretiene en respuestas vacías, y tira de palabras nada políticamente correctas en cuanto le viene en gana. A sus casi 71 años, la actriz británica no tiene intención de andar perdiendo el tiempo. Sobre todo porque en sus casi cinco décadas de carrera nunca lo ha perdido.

En agosto del 2014, Helen Mirren reveló que sufre mal de Parkinson. La actriz lo anunció para enviar un mensaje de esperanza tras la muerte de Robin Williams, quien había sido diagnosticado con la misma enfermedad.

En agosto del 2014, Helen Mirren reveló que sufre mal de Parkinson.
La actriz lo anunció para enviar un mensaje de esperanza tras la muerte de Robin Williams, quien había sido diagnosticado con la misma enfermedad.

Agradece las adulaciones y el lugar en el que su profesión, el público y la prensa la ha colocado especialmente en los últimos años. Helen Mirren es hoy un ejemplo, un ídolo para las generaciones más jóvenes de mujeres. Ella lo sabe, pero no acaba de entenderlo. “Pensé que esto se pasaría según fuera cumpliendo años, y me sorprende que aún no haya sido así”, dice sin rastro de ironía. No cree merecerlo porque, a pesar de su elegancia innata y su presencia casi intimidante, la actriz, nacida en Londres en 1945, admite estar “aún llena de inseguridades”.

“Este es un trabajo inseguro”, reconoce Mirren porque cree, como muchos, que el éxito en su profesión está más influido por la suerte y las casualidades que por el talento. “La inseguridad jamás te abandona —insiste—. Pero aprendes a llevarla, a lidiar con ella, y te das cuenta de que es solo una parte de todo aquello con lo que tienes que tragar y tirar. Y no puedes dejar que te supere”.

Según Mirren, lo más difícil es luchar contra la inseguridad que te generan desde fuera; y en la interpretación es una constante. Ella aprendió a enfrentarse a las críticas y a las etiquetas desde bien pronto. En los años sesenta, cuando acababa de ingresar en la Royal Shakespeare Company, después de su paso por el NationalYouthTheatre —la trayectoria que sigue todo actor británico respetado—, un periodista de TheGuardian tituló una entrevista con ella como The Sex Queen of Stratford (La reina sexual de Stratford). Aquel sobrenombre la acompañó durante sus años de juventud, poniendo en duda su talento por su aspecto.

Ahora que está promocionando Trumbo. La lista negra de Hollywood [estrenada recientemente], la película sobre el episodio más negro de la meca del cine, la Caza de Brujas durante la que se coartó la libertad de pensamiento y afiliación política persiguiendo a los artistas simpatizantes con el comunismo, Mirren reflexiona sobre su propia vida y la libertad de la que ella ha gozado. Casi siempre. “Cuando era joven, como mujer en el mundo en el que crecí, constantemente te menospreciaban y ninguneaban de una forma o de otra, y mis libertades estaban limitadas, restringidas”, recuerda muy seria.

“Ese parece que ha sido su leitmotiv. No escuchar lo que otros decían a su alrededor sobre ella. Helen Mirren tuvo que aprender a aguantar y seguir porque sabe que siempre fue una mujer adelantada a su tiempo. Nunca quiso tener hijos, y tampoco quiso casarse. Aunque acabó haciéndolo, en 1997, con el director Taylor Hackford (Ray), su pareja desde 1986 y hasta hoy.

En pleno debate sobre el sexismo y la falta de diversidad en Hollywood, está convencida de que no se le puede pedir al cine que se comprometa más si no se lo exigimos al mismo tiempo a la sociedad. Por eso se ríe si le preguntan si es feminista. Se da por hecho, solo viendo su trayectoria vital y profesional.

Tras 20 años triunfando en el teatro y con pequeños papeles en televisión y cine, Mirren revolucionó la pequeña pantalla con su papel de detective en la serie Una mujer de acero (1991). “Iba sobre mujeres en el lugar de trabajo”, recuerda. “Siempre pensé que tuvo tanto éxito porque, cuando se estrenó, las mujeres que habían entrado en la policía, en medicina o en cualquier otra profesión a cualquier otro nivel, estaban entonces en sus 40, habían pasado por toda esa misoginia de la que no se hablaba, y [con la serie] podían mirar atrás y decir: ‘Sí, así fue”. Y continúa: “Entonces no se podía hablar del tema, creo que aún hoy si te quejas sobre ese tipo de comportamientos quizá ganes un juicio, pero tu carrera probablemente estará acabada por quejica. Creo que ahora si las cosas han cambiado es porque hay un incentivo fiscal, te pueden multar o penar si te pasas. Los hombres han aprendido que es inapropiado”.

Helen Mirren, de todas formas, se queja. Se quejó entonces y se queja ahora, aunque lo ha hecho más a través de su trabajo que con palabras. Su carrera arrancó una segunda edad dorada tras Gosford Park, en 2001, cuando ya tenía 54 años. Y, a diferencia de otras actrices, ella no ha parado de trabajar en estos 15 últimos años. Insiste en la suerte. Pero también es su sentido del deber, la responsabilidad hacia su profesión y que se niega a aceptar que no hay papeles interesantes para mujeres maduras. Si es necesario, dice, habrá que perseguir papeles en principio escritos para hombres y cambiarlos de sexo, como le pasó en una de sus últimas películas, Espías desde el cielo, donde interpreta a una coronel del Ejército británico.

Reconoce que es un mundo mucho más difícil para las mujeres, pero ella sigue buscando y rastreando papeles. Será suerte, pero su currículum en los últimos años da esperanza y es prueba de que existen películas para ella: de la reina Isabel II a una exespía en RED y RED 2; de la mujer de Hitchcock a “la periodista más poderosa y temida que conoció Hollywood”, Hedda Hopper, en su próximo estreno, Trumbo, junto a Bryan Cranston y Diane Lane.

Se ríe al hacer repaso de sus últimos personajes. “Es gracioso, nunca pensé que interpretaría a una persona real, porque no puedes ser tan buena como ella. Pero está claro que cambié de idea”, dice irónica. Solo por su interpretación de la reina de Inglaterra en cine y teatro ha ganado el Oscar, el Globo de Oro y el Tony. La triple corona de la interpretación que solo una reina como ella puede lucir sin vanidad.

Tomado de El País

 

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