¿A LAS PUERTAS DE LA DICTADURA?

Me despierta por whatsapp un alerta que se ha viralizado. Muestra en 30 segundos una escena de horror que corta el sueño. Un guardia nacional golpea con el casco a un joven de camisa azul, con tal furia que cae fulminado, como si le hubieran disparado a la cabeza. Los militares dejan al muchacho tirado en la vía, y se ocupan de disparar a la marcha que se dispersa. Solo un transeúnte, en una mezcla de solidaridad y su propio miedo, le toma el brazo, como si quisiera sacarlo del “escenario de guerra” o para comprobar si continúa con vida.

Este breve video nos sumerge más en la tragedia que azota hoy a Venezuela, donde una banda de pillos y malos gobernantes –tan pésimos que hay entre los suyos gente que les piden también la renuncia– se aferra al poder con modos represivos, que no entiendo cómo al simpático Pepe Mujica no le ha removido recuerdos de la crueldad militar vivida en Uruguay, Argentina y Chile durante las décadas de los 70 y 80.

“Coño, esto es dictadura”, me digo al mirar una y otra vez la escena, como si alguien se atreviera a ponerlo en dudas. No es un hecho aislado. Se trata de pequeña adición a esta suma trágica que ha venido siendo el mandato de Nicolás Maduro y del siniestro Diosdado Cabello, en complicidad con la vergonzosa –no sé cuán alta o pequeña– colaboración de generales y coroneles, así como de dirigentes del PSUV y PCV, y que ha dejado el país en ruinas, ya no en lo económico, lo que resulta evidente en las colas, sino en su lado político y constitucional, por no mencionar el daño moral que está provocando en la autoestima de los venezolanos.

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Pero hay un hecho contradictorio: notamos que este drama recorre el mundo y recibe, tras el estupor de los testimonios, la firme condena de parlamentos y gobiernos, y se detiene en las fronteras de los países latinoamericanos, cuyos presidentes, desde el colombiano Juan Manuel Santos hasta la chilena y socialista Michelle Bachelet guardan un silencio indecente, quizás por intereses económicos o por temor de que alguna vez ellos también puedan ser víctimas de esa lotería de las protestas y la turbulencia social.

El absurdo decreto del “estado de excepción” anunciado ahora por Maduro en un nuevo intento por seguir huyendo hacia adelante pone el país en la mira de nuevos atropellos, donde se incluye la supuesta “inahabilitación” de la Asamblea Nacional, con lo cual queda mutilada de una vez la Constitución Nacional.

A esta complicidad de jueces, fiscales y abogados tarifados por Miraflores aflora una verdad casi obvia: las dictaduras se conjugan con la violencia física e institucional y acompañan sus actos con la obsesión de querer borrar la entereza de la gente. Pero algo de eso dijo Walter Benjamin cuando señaló que la memoria de las humillaciones recibidas le devuelve al hombre todo su potencial transformador de la realidad, perdonando quizás pero sin olvidar.

 
Elizabeth AraujoElizabeth Araujo

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Un Comentario;

  1. ciro pernia said:

    excelente articulo, no deja mas que decir.

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