COQUETEANDO CON LA HÍPER

La hiperinflación es un fenómeno complejo. En su libro de 1957 sobre “La dinámica monetaria de la hiperinflación”, Phillip Cagan describe un episodio hiperinflacionario como aquel que sucede cuando la inflación mensual llega a 50%, y termina cuando ésta baja de ese nivel y se mantiene por debajo durante, por lo menos, un año. En 1989, el Instituto Internacional de Contabilidad (IAS, por sus siglas en inglés), publicó la norma IAS 29 sobre contabilidad en hiperinflación.

De acuerdo a la IAS 29, existe hiperinflación cuando, entre otras cosas: a) La población prefiere tener sus ahorros en activos no monetarios; b) la población considera los activos monetarios en términos de una moneda extranjera relativamente estable y no en la moneda local; c) la inflación acumulada en un período de tres años excede el 100%.

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Si partimos de lo que plantea la definición de Cagan, Venezuela aún está en la antesala de una hiperinflación. Pero si nos guiamos por la norma IAS 29, pareciera que ya nos hemos adentrado en ese tenebroso e inestable mundo. Lo que sí es cierto, independientemente del punto de la curva en que nos encontremos, es que no será posible salir del morbo hiperinflacionario, si las autoridades continúan apelando al recurso de seguir aplicando las mismas políticas que nos trajeron hasta aquí.

Desde el punto de vista económico, es relativamente fácil salir de la hiperinflación. Tan sólo se trata de tomar un conjunto de medidas que ya han sido recomendadas hasta el cansancio por los economistas más serios del país, por los gremios empresariales, y hasta por los partidos de oposición. Pero, en verdad, el problema no es económico, sino político, porque quienes gobiernan siempre piensan en que su costo político será siempre mayor tomándolas, antes que dejar que el tiempo pase, a ver si un milagro les resuelve el problema.

El problema con esa estrategia de inmovilismo es que lo único que logra dicha estrategia, es acelerar el proceso. ¿Y saben por qué? Porque la población es más lista de lo que los burócratas piensan en su prepotencia, y se adelanta cada vez con más perspicacia a cada medida engañosa con la que quieran taparle la realidad. En otras palabras, de nada sirve esconder las cifras de inflación, poner y quitar normas de racionamiento de imposible cumplimiento, imprimir dinero inservible a rabiar, o de inventar enemigos imaginarios cada vez más fantasiosos.

Bien le vendría a los gobernantes revisar el desenlace de anteriores hiperinflaciones, para que se familiaricen con las consecuencias de seguir coqueteando con La Híper. Ah, y otra cosa, de paso, están a punto de romper paradigmas, pues seremos el primer Petroestado hiperinflacionario de la historia.

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Aurelio ConchesoAurelio Concheso

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