Sobre si el país requiere un cambio de mando o…

lobo

Los mirones son de palo

Dicen los jugadores de dominó que “los mirones son de palo”: no hablan ni gesticulan. Cualquiera tos o estornudo puede ser considerado fingido para, espiando a los jugadores, pasarle datos a uno de ellos que le está brindando los tragos. Quién tiene el doble seis (“la cochina”, en el lenguaje dominocístico) o el número de puntos que suman las piedras de los espiados, a fin de sopesar las opciones de una “tranca”.

En eso nos hemos convertido los venezolanos. En mirones de palo de lo que acontece en nuestro país sin derecho a opinar, a protestar, a emprender la actividad lícita que nos dé la gana, a vender o comprar una propiedad, y hasta de guardar una cierta cantidad de algún bien alimenticio en previsión de alguna carestía del mismo. Somos acaparadores, vende patria, de la extrema derecha, lacayos del imperio, y cualquier otro improperio que, a mansalva e impunemente, emita el presidente Maduro para descargar su odio hacia quienes no comparten sus malos manejos de las cosas del estado (la “res publica”). Igualmente soez e irrespetuoso es el lenguaje de los Rodríguez, los Cabello, el Jaua y el Carreño (que bien podría escribir un “Manual de las Malas Costumbres”, a diferencia del otro, padre de Teresa, que escribió el de las buenas).

Nuestros votos no valen nada cuando son a favor de la oposición, convirtiéndonos en una mayoría no reconocida por los prepotentes integrantes de la banda de Miraflores; nuestras firmas son objeto de sospechas de fraude y falsificación; y en cambio se le da el mayor crédito a conversaciones telefónicas grabadas por medios ilegales, manipulables, con métodos terroristas y perversos fines.

Y mientras intentamos manifestar nuestro descontento somos agredidos por los mismos que deberían protegernos, o por bandas bien armadas y motorizadas  que actúan bajo el manto protector de una fuerza armada corrompida y desprestigiada.

Y resulta que, como los “mirones de palo” observan las jugadas de los concentrados dominocistas, así los venezolanos observamos, o creemos ver, una sórdida lucha de intereses entre los que mantienen a Maduro con vida y al país sin ella. Los que medran a la sombra del incompetente presidente “supositorio” (Chávez nos lo metió por donde se imaginará el lector y provoca los mismos resultados) manipulan tratando de ganar tiempo, mientras terminan de asegurarse un exilio dorado en algún lugar del mundo donde se les quiera recibir, mientras que los que se apegan al recuerdo del difunto que comenzó este desastre tratan de deshacerse del grandulón presidente, buscando algún personaje de entre ellos mismos que repita la harto citada estrategia de Pirandello: “cambiarlo todo para que nada cambie”.

Nada nos resultará más dañino que un golpe de palacio, donde el supuesto colombiano ocupante de Miraflores sea defenestrado incruentamente; que una madrugada de estas nos encontremos con que ahora ocupa esa casona algún generalote lleno de chapas y condecoraciones logradas cómodamente sentado tras un escritorio.

Maduro amenaza con un estado de “conmocióm” (por favor, Redacción, aclaro que no es un error de escritura: así pronuncia Maduro las palabras terminadas en “ión”, por si no se han fijado) que no hará otra cosa que exacerbar más los ya caldeados ánimos del pueblo, harto de la falta de alimentos, medicinas, seguridad, empleo y educación.

Los jugadores de dominó nos han condenado a ser “mirones de palo”. De nosotros depende levantarlos de sus sillas, y también evitar que las ocupen otros… igualmente corrompidos.

mercado

…o un cambio radical

 

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