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Un Comentario;

  1. Gustavo Coronel said:

    En este artículo Américo se refiere al diálogo propuesto para Venezuela y lo defiende. Como yo me opongo a su realización por considerarlo no solo reñido con la ética sino hasta estratégicamente indeseable, deseo hacerle unos breves comentarios al escrito.
    Lo primero que dice Américo es que “Cansa un poco, lo confieso, insistir en temas bien debatidos pero reactivados por juicios recurrentes, más sonoros que sustantivos. Que se les acompañe con un revoltijo de insultos imprecisos sería suficiente para no responder. Se trata de sonoridades enfáticas dichas en tono de “última palabra”, pero como parto yo de la buena fe de sus autores y entiendo que la agonía venezolana está urgida de explicaciones, vuelvo a la carga para ayudar a entender problemas y entrever salidas, sin necesidad de difamarnos o insultarnos”.
    Concuerdo con Américo es que el insulto no es necesario. Aparentemente alguien ha atacado a Américo por sus argumentos en defensa del diálogo pero yo pienso que lo que hay que atacar es al diálogo, no a quienes de buena fe lo defienden. Y digo a quienes lo defienden de buena fe porque tengo la convicción de que hay quienes lo defienden y promueven por perversidad, para tratar de consolidar al régimen chavista en el poder. Difiero de Américo cuando dice que está cansado de hablar de un tema tan debatido como el diálogo. Pienso que ese es un tema insuficientemente debatido, adoptado por mucha gente de manera acrítica y que no debe cansarnos porque es un proceso peligroso para Venezuela.
    Dice Américo:
    “El asunto se relaciona con el diálogo, a propósito de la gran presión internacional que lo demanda, y en concreto de la gestión de los expresidentes Zapatero, Torrijos y Leonel Fernández. Los diálogos -mientras más amplios mejor- son de la esencia de las democracias, no de las autocracias, mucho menos si en casi todos los aspectos se hayan convertido en dictaduras. En el caso venezolano es además una necesidad urgente.. . Sentados alrededor de una mesa con calificada mediación internacional, gobierno y oposición tendrían que comenzar diseñando una agenda
    Américo se refiere específicamente a la gestión de los ex-presidentes de Zapatero, Torrijos y Leonel Fernández, a la cual le confiere la mayor “urgencia”. Yo soy de la opinión que estos tres personajes no representan una calificada mediación internacional sino que representan los intereses de una de las partes, el régimen venezolano. Pienso que estos tres personajes están jugando para el equipo contrario y no son imparciales. Hay elementos de juicio sobre Fernández y Zapatero, no sé sobre Torrijos, que hacen dudar seriamente de su honestidad de propósitos.
    Américo continúa diciendo que “[él] pediría unas cuantas decisiones previas destinadas a crear un clima propicio para las discusiones. Algo así como libertad de presos políticos, respeto a los DDHH, y a la Asamblea Nacional, consulta a los electores. Ni siquiera serían “condiciones”, pero sí primer punto de agenda a ver si hablamos en serio o en sirio”.
    Esto es grave porque Américo no menciona la tesis central del conflicto: el revocatorio y ni siquiera considera los puntos que menciona como verdaderas “condiciones”. Yo considero que estos puntos, además del revocatorio este año, deben ser verdaderas condiciones, sin las cuales no deberíamos pensar en un diálogo con el régimen. Por lo demás esta parece ser la postura de la oposición, toda unida. Se dice que Zapatero fue a proponerle a Leopoldo López su libertad a cambio del olvido del revocatorio, una proposición que – de ser cierta – sería muy deshonesta.
    Dice Américo: “En las redes sociales he leído otro reproche fuertemente emocional: Es imposible dialogar o negociar con tiranuelos, corruptos, mentirosos y pare de contar. ¿Y con quién negociar entonces? ¿Con los amigos? ¿Con quienes coincidan con uno? Sería tan agradable como ineficiente porque con ellos no hay nada grave que negociar”.
    Difiero de lo que dice Américo. El componente ético en un diálogo, en una negociación es un elemento fundamental, sin el cual no puede pronosticarse un buen resultado. No en vano los principales autores en este campo, como el clásico de Roger Fisher y Bill Ury (Getting to Yes) habla de Negociaciones basadas en Principios. Hay multitud de casos en los cuales dos partes honestas, de principios, tienen diferencias que pueden resolverse alrededor de una mesa de diálogo. Esto es perfectamente deseable. Lo que no es deseable es sentarse a la mesa con quienes carecen de principios y mantienen una postura que no está basada en el interés supremo de la nación sino en sus intereses mezquinos. Y esto que digo no es una simple opinión que pudiera estar equivocada sino una certeza obtenida mediante la observación de lo ocurrido durante los últimos 16 años. Por supuesto, Américo, que no hay nada que negociar con quienes no difieren de nosotros. Pero tampoco hay nada que negociar con quienes difieren de nosotros y no juegan con las mismas reglas del juego de nosotros.
    Dice Américo:
    “Las guerras y conflictos profundos se negocian con los enemigos, a quienes se les ha descalificado con todos los vocablos del idioma. Mao Zedom y Nixon se prodigaban los peores insultos y se prometían la destrucción recíproca, además de la distancia ideológica que separa al capitalismo del comunismo. Pues bien, negociaron el restablecimiento de relaciones diplomáticas, consulares, comerciales, deportivas, etc y le dieron una gran vuelta a la Historia. ¿Eran amigos? No, eran los peores enemigos del planeta.
    Churchill, Roosevelt se sentaron con aquella bestia negra que fue Stalin para aliarse contra el eje nazi-fascista y después organizar el mundo en Yalta y Potsdam. ¿Amigos? No”.
    Los ejemplos pueden ser importantes pero estos dos dados por Américo no aplican a nuestro dilema venezolano. En París Kissinger fue a negociar la derrota estadounidense en Vietnam, a salvar lo salvable. En Caracas el régimen iría a negociar con pretensiones de continuar en el poder y la oposición tendría que hace concesiones para lugar vender una transición híbrida que sacrificaría los principios y valores que no deben ser sacrificados. En Yalta, Stalin era un aliado de las potencias que luchaban contra el nazismo, no era un enemigo. Y, por cierto, de Yalta y Potsdam salieron indebidas concesiones a Stalin que significaron tragedia para millones de europeos. Mal ejemplo también fue la visita de Neville Chamberlain a Hitler, a buscar en la mesa de negociaciones la paz de Europa.
    Termina diciendo Américo: “Venezuela necesita más políticos serios que vengadores exaltados…”. .
    Yo digo que esa moneda que nos presenta Américo tiene dos caras. La otra cara sería: Venezuela necesita más ciudadanos en honesta búsqueda de justicia que políticos invertebrados y acomodaticios.
    Y hago la salvedad de que entre esos políticos blandengues no incluyo a Américo, a quien considero un gran luchador por la democracia venezolana, pero sí a políticos como Zapatero, Henri Falcón, Leonel y Samper. Con Américo si me sentaría a dialogar, con Cabello o Istúriz, no.

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