CAER EN CUENTA

¿De qué sirve el asombro?

Teníamos que deslizarnos por el despeñadero y hundir la cara en el barranco para que escucharan nuestras voces.  Peor aún, teníamos que llegar al fondo del rehoyo (¿tiene fondo?) para que nosotros mismos despertáramos. Cuesta mucho prever tendencias, anticipar consecuencias, ver a través de la máscara. Y sucedido lo que tenía que suceder, ahora el mundo entero coincide en el asombro: ¿cómo un país que fue tan rico terminó siendo tan pobre? ¿cómo la utopía terminó en distopía?

En las últimas semanas, artículos y reportajes en muy distintos idiomas y los más diversos medios de comunicación social internacional han manifestado su pasmo frente a lo que sucede en Venezuela, no tanto por la crisis económica y la crisis humanitaria que se perfila, como por la disonancia cognoscitiva y el contraste inexplicable que significa ver un país conocido por su modernidad y opulencia convertido en un Estado fallido. El artículo de Matt O´Brien en The Washington Post fue uno de los más crudos: “Venezuela ha conseguido algo peor que la muerte. Ha conseguido el infierno”.

El listado de razones por las cuales terminamos en las tinieblas del averno es muy largo. Las palabras socialismo y revolución resumen muchas de esas razones.

Los articulistas extranjeros se extienden en explicar los desvaríos y políticas perversas que han convertido a Venezuela en una parábola de la destrucción, pero los opinadores nacionales que tenemos 18 años alertando palmo a palmo sobre la construcción de la estafa sentimos llover sobre mojado. No es tanto el por qué literal –cualquier texto de desarrollo económico da cuenta de los errores- sino por qué psicológico, ¿por qué tardamos tanto, nosotros y el mundo, en caer en cuenta? La inquietud es más que pertinente en estos momentos cuando vemos a otros países caminar por la misma senda que Venezuela, apuntar hacia el mismo mar de felicidad que inevitablemente nos lleva al rio Aqueronte que rodea el inframundo. Cuando el otrora dichoso país del Caribe suramericano se ha convertido en paradigma de un monumental fracaso colectivo, en España, el 23% de la población se apresta a votar por un modelo político forjado y modelado por el chavismo.

¿Es tan difícil caer en cuenta y desmontar la estafa detrás de la ilusión? ¿Es tan complicado y arduo aprender de la historia y de la experiencia ajena?

 

Artículos relacionados

2 Comentarios

  1. Maria Carolina Salas Montcourt said:

    Axel… Supongo que ampliaras este artículo! Porque cada pregunta que haces, genera un tema que profundiza, con seguridad, en el siquismo/emocionalidad (enfermos crónicos) del venezolano. Esa autoestima, aun rota, desde la violenta génesis de la venezolanidad misma. Esa historia estigmatizada y enfocada, solo en el lado perdedor, sin permiso de balancear su fórmula por la vía del reconocimiento de los pro, como el idioma, la cultura y la divina mezcla creativa (por nombrar las menos), es el reflejo de una sociedad de víctimas propiciatorias, cuyo morbo se retroalimenta, seduciendo su continuum en el tiempo y el espacio. Es como una obsesión que nos mantiene en la servidumbre de las pasiones. Un profundo temor que nos ciega y nos limita para mirar mas allá de la imperiosa compulsión a entregar nuestro poder a terceros porque, el mesianismo, nos condena a la impenitente irresponsabilidad de no mirar para dentro, y asumirnos creadores de nuestra realidad, echando culpas a otros porque no soportamos, en nuestra dual soberbia, aceptar que somos una sociedad de cómplices por exceso y por defecto

    • Axel Capriles said:

      Sin duda, María Carolina, la dificultad para hacer consciencia reqeriría no uno sino muchos artículos, y sobre todo responder al por qué la consciencia es principalmente retrospectiva, aparece después que ocurren los hechos. En nuestro caso hay fijaciones, complejos históricos que se repiten como una eterna condena de compulsión a la repetición, complejos que toman el escenario y actúan sin nosotros.

Los Comentarios han sido cerrados.

Top [GTranslate]