Entre los que buscan cargos…

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EL SUICHE

 

El país marcha inevitablemente al colapso. No habrá bolsitas de comida que lo eviten ni mamarrachos de ejercicios militares que asusten o lo engañen.

Está ocurriendo lo que tantas veces hemos dicho en esta ventanita de papel. El suiche del cerebro que hace que a la gente le dé lo mismo que lo maten de un tiro en la calle a morirse de hambre en la casa, está pasando con más rapidez de lo que se nos hubiera ocurrido.

En las redes sociales circulan, a falta de prensa independiente que lo recoja, testimonios desgarradores de madres, abuelitos y gente de a pie donde se cuentan historias dantescas de hambre y desesperación en los hogares del que fuera el país más rico de la América Latina.

El gobierno pudiera evitar esta salida cruenta y dolorosa solo si permitiera a la Constitución funcionar o si Maduro se diera cuenta del daño y el dolor que está causando y se retirara para dar paso a un acuerdo nacional para la transición.

Pero Maduro se aferra al poder. Aún hay un remanente de dólares para raspar en la olla y ya se ha visto lo insaciable que es la jauría que le acompaña cuando de un dólar se trata de apropiar. Además, los espejos de Cristina y Dilma lo hacen pensar que la mano dela justicia les va a alcanzar irremediablemente.

Su gobierno está aislado internacionalmente. Raúl ya ni lo nombra después de haberlo condecorado en un acto de despedida de la solidaridad que duro mientras aquí hubo plata y Pepe Mujica se permite llamarlo “cabra loca”. Ortega se hace el loco y voltea para otro lado y Correa arguye que tiene demasiados problemas para complicarse la vida defendiendo lo indefendible.

Como ya hemos visto en la historia de las mafias, lo que falta para entregar al jefe es ponerse de acuerdo en el control de la sucesión. ¿A quien le van a tocar las zonas de influencia; quien se va a ocupar de los sobrinos presos; que testaferros son de confianza y quienes no; que países están dispuestos a recibir a quienes se tienen que ir y que garantías tienen los que se tienen que quedar? Pronto veremos más “traiciones”, más gente que se baja del barco.

Cuando eso pase los que nos quedamos y no tuvimos nada que ver con esta pesadilla tendremos que dedicar todos los esfuerzos a reconstruir espiritual y moralmente a la nación para poder luego echar las bases de su recuperación económica y social.

Por lo pronto, concluyo la nota con la misma monserga de cada semana. Vamos a ocuparnos de la gente que sufre, vamos a tratar de organizar el descontento y a revestirlo de esperanza positiva para que esto no termine en  una confrontación que solo dejara más dolor y sufrimiento. Vamos a ocuparnos de formar a los jóvenes que quieren luchar aquí y vamos a darles motivos a los que se han ido para que regresen con ganas de ayudarnos en la reconstrucción.

Esta lucha no es un “quítate tú para ponerme yo”. Es una batalla para cambiar tanta ignominia y tanta miseria por un país de libertad y de progreso.

desesperacion

…y los que quieren comer

 
Julio Castillo SagarzazuJulio Castillo Sagarzazu

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