LA BELLEZA EN EL ANTIGUO EGIPTO

TERESA BEDMAN

El panorama egiptológico de estos días nos ofrece un amplio abanico de noticias procedentes de las tierras del Nilo. Las autoridades de las antigüedades en colaboración con el Dr. Nicholas Reeves están buscando nuevas dependencias tras el muro de la cámara mortuoria de la Tumba del faraón Tut-Anj-Amon (Tutankamón), en el Valle de los Reyes. El Dr. Reeves busca la tumba de una de las reinas más sugestivas del antiguo Egipto, la que fue llamada La bella que viene, la etérea y lánguida Nefertiti.

egipto

Ella ha encarnado, quizás más que ningún otro personaje de la antigüedad egipcia, el idealizado concepto de la belleza en la civilización faraónica. Su hermoso rostro, vivo a través de la Cabeza de Berlín, forma parte de los iconos más emblemáticos de la armonía y el equilibrio faraónicos.

Nefertiti era la belleza en movimiento. Casi podemos percibir a la gran coprotagonista de la primera revolución religiosa en la historia de la Humanidad, deslizándose, más que caminando, con sus pies descalzos y perfectos sobre los brillantes y coloridos pavimentos del Palacio Real en Ajet-Aton, la ciudad del dios Aton en Amarna. La belleza deslizándose en forma de una mujer de perfectos miembros, envuelta en los vaporosos abrazos del tejido más fino que jamás haya existido, el transparente lino Real. Casi parecería una aparición fruto del ensoñamiento.

Otro arquetipo de la belleza mítica, idealizada, que ha llegado hasta nosotros, es el perfil de la reina Cleopatra VII, también de moda estos días aquí, a través de la exposición que, sobre el mundo egipcio-helenístico desarrollado en torno a esa mujer, se exhibe en el Centro de Arte Canal. Aunque todos sabemos que esa Cleopatra no fue tan «bella» como han pretendido mostrarla la literatura o el cine, por venir de la mano de lo egipcio ha sido asumida también como un personaje bello, de bella inteligencia, de bella y apasionada biografía.

Pero, en sentido propio, el concepto de belleza en la civilización faraónica no implicaba únicamente el sesgo sexista que hoy esperaríamos: la belleza como atributo exclusivo de la feminidad, la belleza como patrimonio propio de la mujer egipcia. Es cierto que fue así también, sí, pero no del modo exclusivo y excluyente con el que nuestra actual sensibilidad categoriza y simplifica los conceptos básicos de la comprensión de nuestro entorno.

nefertiti

El busto de Nefertiti conservado en el Museo Neues de Berlín.

La idea que de la belleza tenían los antiguos egipcios pasaba por el término egipcio que lo expresaba. Este era la palabra Nefer. Significaba al mismo tiempo lo bueno, lo perfecto, lo completo, lo armónico.

Lo bello era el fruto de la creación divina, que podría ser destruido si no se preservaba la Justicia Universal, la Maat, representada por esa mujer, divina Señora de la liviana pluma de avestruz, también infinitamente bella. Pero, ¿acaso no son, éstas, características que todos atribuimos a lo bello?

En egipcio antiguo existen tantos términos relacionados con el concepto de la belleza como, probablemente, no haya en otras lenguas antiguas. Men-Nefer, «la que es estable de Belleza», era uno de los nombres de la mítica ciudad de Menfis. Bau-Nefer «Perfecto de poderes mágicos», Nefer-Renpet, «El buen o bello año», Nefer-Hotep «La buena ofrenda (a los dioses)», Nefertary, «la que ha sido hecha Bella» y así un inifinito catálogo del término Nefer, vinculado con lo bello, y todo lo que a ello se refiere. De tal modo el concepto de lo bello, lo armónico, lo perfecto, estaba presente en la cosmovisión egipcia antigua.

Esa idea de lo bello, exclusiva de la mentalidad egipcia antigua, es la que cala hoy en nosotros, necesitados de un nuevo mundo equilibrado, justo, perfecto. Belleza es lo que expresan las pirámides, estables masas de ordenada estructura. Belleza es lo que nos sugieren los venerables templos egipcios, expresión materializada en piedra del Universo creado por los dioses. Es muy fácil comprender estas ideas cuando, simplemente, contemplamos cualquiera de las obras maestras de la escultura egipcia en alguno de nuestros museos. Es la belleza de la piedra que, a veces, produce al tacto la sensación de la mismísima epidermis humana, tibia, tersa y eternamente joven.

En suma, el Egipto faraónico exhala aún hoy en día belleza, armonía, equilibrio, paz. Sentimientos que son consustanciales con las más altas vibraciones espirituales del alma humana. Nadie queda indiferente ante ello.

Teresa Bedman es egiptóloga del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto y codirectora de la misión Proyecto Visir Amen-Hotep Huy en Luxor.

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