CAPRILES:
LA MORAL SÍ IMPORTA

La sanción moral es la aprobación o desaprobación, premio o castigo que merece el cumplimiento o la violación del deber. Usted dijo de manera desdeñosa (09/04/16), que la aplicación de la Carta Democrática Interamericana (CDI), sólo era una “sanción moral”. Le pregunto comedidamente: ¿Cónoce usted el alcance de una sanción moral? ¿Repasó usted el concepto clásico e histórico de ética y moral en la política? Le colaboro…

Bentham ha dicho: “El clero es la vanguardia de la ley”. Escogemos cita a uno de los más vigorosos defensores del utilitarismo. Cuando él habla del clero, se refería evidentemente a la sanción moral. “Hay un algo que llamamos pudor, pundonor, delicadeza, vergüenza, comedimiento… producto del instinto social humano y -acaso principalmente- de la múltiple influencia de la educación”. Es la historia la que se ocupa de evaluar la prudencia por el poder, y la ley de contener los excesos de  mandantes y mandatarios. Sin moral no hay derecho, sin derecho no hay justicia, sin justicia no hay orden y sin orden no hay república (Dixit Rousseau). Es decir, sin moral no hay historia, sino caos. Agregaba Bentham: “Se observa en las zonas donde no existe [la moral], o donde se muestra muy debilitada, agrupaciones nómadas de gitanos y bohemios, vistiendo un materialismo brutal y una desnudez social repugnante”. La ausencia moral o la anomia conducen a lo que Polibio llamó la degradación. Fenómeno que se resume como “una extraña asociación política, que vivió en la anarquía y murió por falta de hombres… Esparta llevó también el cáncer de la injusticia: había allí más esclavos (ilotas) que ciudadanos”. ¿Cuántos ilotas, por no decir idiotas -como llama Savater a quienes no tienen interés en la política o la practican allanados de ética- han quedado atrapados en pretendidas épicas o fraudulentas revoluciones? Sólo la sanción moral es capaz de ponerle envoltura, un barniz de madurez y evolución a la humanidad. Y en un mundo que dejó de ser de gitanos y de bohemios, son la OEA, la UE, las NU o los parlamentos serios, que vigilan los derechos del hombre. ¿Cómo entonces restarle importancia a la CDI de la OEA? ¿No es su propia pusilanimidad moral [de la OEA] la que deben evaluar?

Capriles

Escribe el general Posada refiriéndose al general Santander sobre conjuras sancionadas con penas de muertes contra el fuero de la inocencia: “El 16 de octubre de 1833, amaneciendo, se tocaba llamada y tropa en los cuarteles del primer escuadrón de húsares. A las nueve ya estaban estos cuerpos formados en la plaza de la catedral, y el jefe militar (general López), de gran uniforme, a caballo, y a la cabeza de las tropas, se mostraba como Santerre en la decapitación de Luis XVI. Un grande espectáculo se preparaba: iban a matar diecisiete hombres. Reos y sacerdotes de pie. La señal de fusilamiento no se daba. ¿Por qué? Porque su excelencia [Santander] no acababa de almorzar. En esta expectativa desesperante, los redobles, las voces de mando; los pitos y tambores, los clarines de caballería, anunciaron honores al presidente. En momento terrible para las víctimas, Santander pasó con el secretario de Guerra entre banquillos y tropas contestando los saludos. A su vista gritó el comandante: ‘Ya es hora’. La detonación de las descargas produjo un silencio repentino que hizo estremecer a todos: el sacrificio se había consumado…”. Comentó Posada: “Un hecho que fue pávulo de conversaciones, de críticas amargas. Ni Bolívar dictador, ni Urdaneta comandante general, ni Córdoba secretario de Guerra, jamás fueron a ver fusilar a conspiradores”. Arrojos que Colombia no perdona -moral y republicanamente- a Santander. Arrebato como combustible para incendios y devastaciones posteriores. Desmoralización por las malas doctrinas, que hizo perder la esperanza de mejores tiempos…”. Me pregunto si comprende de desmoralización y desesperanza, un gobernador, Capriles, que estando a metros de una mazmorra (Ramo Verde), no visita con frecuencia a reos que muchos dejamos en el olvido…

La sanción moral contiene al violador y al celestino. Al lacayo, al adulador y al cretino que corteja al adulador (dixit Pocaterra), es decir, al que visita su bote, y le come y bebe con gula. La que castiga al que vitorea y al que va de uniforme y a caballo, para después de almorzar -sic- disponer de la vida inocente del conspirador. Es la moral la que condena al gitano político, al nómada institucional o al que a todo gañote dice “la sanción moral no importa” ¿Cuántas repúblicas y constituciones cayeron en la inundación de la soberanía colectiva y el espejismo del socialismo exacerbado? Y agrega el historiador colombiano, Rafael Núñez: “La sociedad no puede existir sin un principio moral. Sin ella será avasallada y barbarizada por nuevos Atilas. La horda de anarquistas hambrientos de goces brutales, ignorantes, desenfrenados, buscando un paraíso terrenal que ni la religión, ni la ciencia, ni gobiernos, ni partidos podrá procurarle, romperá valladares y diques en su furioso desencanto, y la civilización latino-germánica, como la greco-romana de Atenas y Alejandría, caerá en oprobioso eclipse”.

Y así caímos y seguimos cayendo… sin que nadie sancione.

 

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