EL DICTADOR MUSSOLINI, UN HOMBRE DE FAMILIA

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Su nieta Edda Negri dibuja en un libro el lado íntimo de su abuelo visto a través de los ojos de su esposa

MÒNICA BERNABÉ

“Queridísima Rachele. Te mando esta revista que habla de ti. Un abrazo, tu Benito”. Con estas palabras, el dictador italiano Benito Mussolini se dirigía a su mujer, Rachele, en un telegrama enviado el 15 de enero de 1927. Un libro escrito por su nieta Edda Negri Mussolini y la periodista Emma Moriconi recoge ahora ésta y otras comunicaciones del Duce con su familia, y explica la vida de Mussolini a través de los ojos de quien fue su esposa.

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Rachele, antes de morir en 1979, fue relatando a su nieta cómo había sido su existencia al lado del Duce, sin escatimarle detalle alguno, incluidas las constantes infidelidades del dictador. El resultado es una obra, Donna Rachele, mianonna. La moglie di Benito Mussolini (Doña Rachele, mi abuela. La mujer de Benito Mussolini), de la editorial Minerva, que muestra un Duce diferente al conocido hasta ahora: un hombre supersticioso, cariñoso con sus hijos y su esposa, y que muchas veces tenía en cuenta las opiniones de ella para tomar decisiones políticas. El libro, que se ha convertido en uno de los más vendidos en Italia, se completa con documentos históricos que corroboran el relato de la nieta.

“Mi abuela Rachele me explicó que un día la policía se presentó en su casa acusándola de haber quemado un hotel”, cuenta EddaNegri Mussolini, “pero después resultó que quien lo había quemado era Ida Dalser”, añade, en referencia a la primera amante que se le conoce a Mussolini, con quien tuvo un hijo.

La nieta del dictador explica que así es como, cuando aún ella era una chiquilla, su abuela empezó a hablarle de un tema tan espinoso como las amantes de su abuelo. Cuando doña Rachele murió en 1979, Edda todavía era una adolescente: estaba a punto de cumplir 16 años. Entre ellas siempre existió una estrecha relación. La madre de Edda -la última hija de los Mussolini, Anna Maria- falleció cuando ella tenía cuatro años, y entonces la abuela se hizo cargo de la niña.

Después de Ida Dalser, llegaron otras amantes: Angela Cucciati, con quien el Duce tuvo otra hija ilegítima; o ClarettaPetacci, junto a quien en 1945 fue ejecutado y sus cuerpos colgados boca abajo en una plaza en Milán. “En 1943 mis abuelos ya tuvieron una violenta discusión sobre la señora“, afirma Edda que recuerda cómo doña Rachele se refería así a Claretta Petacci. Pero a pesar de los cuernos, se sentía orgullosa porque “ella siempre fue la señora Mussolini y el Duce iba a casa a dormir cada noche”, afirma la nieta. Y no sólo eso.

Mussolini y doña Rachele tuvieron cinco criaturas: tres hijos y dos hijas. Él siempre cenaba con la familia, se preocupaba por los deberes escolares de sus hijos y se mostraba afectuoso con ellos. “He visto tus notas. Son muy buenas. Muchos besos. Tu papá, Mussolini”, escribía a su hija Anna Maria el 8 de junio de 1937 en un telegrama.

Mussolini con su hijo Romano en brazos y sus otros vástagos Edda (a su derecha), Bruno y Vitoria. Su esposa, Rachele, sostiene en brazos a la menor, Anna María

Mussolini con su hijo Romano en brazos y sus otros vástagos Edda (a su derecha), Bruno y Vitoria. Su esposa, Rachele, sostiene en brazos a la menor, Anna María

Su esposa no solía asistir a actos oficiales, ni aparecía en la prensa, y eso le permitía gozar de un total anonimato. “Se movía en autobús por la ciudad, y después le explicaba al Duce de qué hablaba la gente por la calle”, detalla la nieta, que destaca que la mujer de Mussolini tenía una gran influencia sobre él. “En una ocasión el ministro de Agricultura propuso al Duce reducir las reservas de trigo, pero ella le advirtió de que eso era una locura porque, del trigo se hace el pan, del que depende el alimento de tantos niños”, declara Edda. En archivos de la localidad de Forlì, en el norte de Italia, existe un telegrama del 8 de septiembre de 1942, en que Mussolini ordena que se garanticen las reservas de trigo.

Rachele también aconsejó al Duce que se vistiera con uniforme militar como hacía habitualmente, cuando el rey Vittorio Emanuele III lo convocó el 24 de julio de 1943 en Roma. Aquella vez Mussolini no hizo caso a su mujer, acudió vestido de civil como le había solicitado el monarca, y fue arrestado. Así acabó su régimen. “¿Qué hubiera ocurrido si hubiera ido con uniforme? ¿La Historia sería diferente?”, se pregunta Edda.

Según la nieta de Mussolini, su abuela fue una revolucionaria para su tiempo. Se fue a vivir con el Duce a principio de 1900 sin estar casados, y a pesar de que no había cumplido los 21 años y, en consecuencia, todavía era menor de edad. Más tarde sí que contrajeron matrimonio, pero ella no vistió de blanco, ni hubo fotografías, ni una gran ceremonia. Y es que ambos eran muy espartanos.

“Mussolini solía regalar a su esposa una fotografía con su firma. No era muy original”, ríe su nieta mientras lo explica. “Ella también era muy práctica. Le obsequiaba con pañuelos, calzoncillos y camisetas”, añade. Ambos eran también muy supersticiosos. Por ejemplo, no se sentaban en una mesa si había 13 comensales. Y según Edda, estuvieron unidos hasta el final: “Poco antes de que lo mataran, Mussolini habló con mi abuela por teléfono, y le dijo que era la única mujer a quien realmente había amado”.

La coautora del libro, Emma Moriconi, destaca que es “impresionante” la figura de doña Rachele, que “estuvo con el Duce en el bien y en el mal”. La obra no deja de ser una oda a la familia Mussolini y corre un tupido velo sobre temas oscuros como las leyes raciales y la persecución de judíos. Como si nunca hubieran existido.

Tomado de El Mundo

@monicabernabe1

 
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