¿Permanecerá Inglaterra en la UE?
EL PRECIO DE LA AUDACIA

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A lo largo de su historia los ingleses han oscilado entre el continente europeo y los horizontes imperiales. Nuevamente este movimiento cíclico podría ponerse en marcha. Un porcentaje importante de su electorado busca cortar amarras con la Unión Europea para fortalecer vínculos con la llamada angloesfera, heredera de su antiguo imperio. En efecto, los denominados euroescépticos consideran que el Reino Unido se ve fuertemente limitado en su potencial de expansión por una Unión Europea que le impone demasiadas reglas y le pide demasiado dinero. A ello se une el deseo de recuperar el control pleno sobre sus fronteras y de reducir el número de extranjeros que trabajan al interior de éstas.

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En síntesis, consideran que la relación costo-beneficio de su matrimonio con Europa presenta un claro saldo negativo. Como alternativa natural frente a esta relación fallida, proponen una integración económica dinámica con sus herederos en sangre y cultura de allende los mares. Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelandia, estarían llamados a transformarse en sus socios económicos naturales en medio de mecanismos de integración laxos, desprovistos de las asfixiantes regulaciones que les impone Europa.

En la plana mayor de este grupo se cuenta a algunos ministros, a la mitad de los parlamentarios conservadores y a varios del laborismo, amén del liderazgo del partido nacionalista UKIP. Sin embargo su líder indiscutido es el político más carismático del país: Boris Johnson, el alcalde de Londres. Importante miembro del Partido Conservador, éste mantiene una soterrada lucha con el ministro de Finanzas, George Osborne, por transformarse en el sucesor del primer ministro David Cameron. Bloqueado en sus aspiraciones por la mayor cercanía a los hilos del poder de Osborne, Johnson ha visto en la cruzada antiunión europea la mejor manera para deshacerse no solo de su molesto rival sino incluso del propio Primer Ministro. Esto último en la medida en que el triunfo de dicha cruzada conllevaría, casi inevitablemente, a la renuncia de Cameron.

Sin embargo, más allá del cálculo político hay un componente conceptual que motiva a Boris Johnson. Éste ha buscado moldear su carrera en el ejemplo de la de su gran héroe: Winston Churchill. Para el vencedor de Hitler, no hay que olvidarlo, Europa fue siempre una consideración secundaria en relación al imperio que su país comandaba. Según sus célebres palabras: “Nosotros tenemos nuestros propios sueños y objetivos. Estamos con Europa pero no dentro de ella. Estamos ligados a Europa pero no fusionados a ella. Estamos interesados y asociados a Europa pero no absorbidos por ella”. Más aún, Churchill fue el artífice de la relación especial con Estados Unidos que Johnson tanto valora.

El mensaje de Obama, durante su viaje de la semana pasada a Londres, cayó como un chorro de agua helada sobre la espalda de Johnson. Éste dejó claro que la posibilidad de un Tratado de Libre Comercio con su país, mantra esgrimido por quienes quieren abandonar la Unión Europea, no se materializaría antes de una década. Por el contrario, ello les haría perder el importante trecho de negociación avanzada entre Bruselas y Washington para un acuerdo de esta naturaleza, para pasar a situarse en el último lugar de la fila de aspirantes. En un solo discurso el líder indiscutido de la angloesfera echó así por tierra el principal argumento esgrimido por Johnson y sus huestes.

David Cameron en medio de un aprieto político y económico que hará historia

David Cameron en medio de un aprieto político y económico que hará historia

Ahora bien, a la hora de similitudes con Churchill, nadie encarna mejor que David Cameron el estilo de aquél. En efecto, si la audacia fue el signo distintivo de aquel gigante, lo cierto es que pocos políticos han dado tanta muestra de ella como el actual Primer Ministro. Confrontado como sus antecesores a dos desgastantes polémicas políticas que desde hace tiempo enrarecen la vida de su país –el abandono del Reino Unido por parte de Escocia y el abandono de Europa por el Reino Unido– éste decidió cortar de raíz ambos problemas. En 2014 convocó a un referéndum para decidir el tema de Escocia y para el 23 de junio de este año convocó a otro para dilucidar el tema de la Unión Europea. El primer fuego fue apagado cuando se decidió que Escocia permanecería atada a Londres. Viene ahora la segunda gran prueba. De aceptarse que también el Reino Unido siga unido a Bruselas, Cameron habrá logrado tranquilizar las aguas políticas de su país por varias décadas, dejando un legado excepcional.

El problema de la audacia es que así como puede generar extraordinarios dividendos puede también propiciar inmensos descalabros. De producirse el divorcio entre Londres y Bruselas es lógico suponer que los separatistas escoceses volverán a la carga con renovado impulso. No olvidemos que fue precisamente la permanencia en la Unión Europea la que disuadió a Escocia de su divorcio con Londres. De ser así el Reino Unido no solo se vería disminuido económica y geopolíticamente por su separación de Europa, sino que podría verse confrontado a su propia disolución.

Tomado de WWW.ELUNIVERSAL.COM

 
Alfredo Toro HardyAlfredo Toro Hardy

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