ELECCIONES EN VENEZUELA

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Algo debe estar claro después de 17 años de toma y dame con el socialismo a la criolla: no es fácil competir, no es fácil ganar, no es fácil que se cumpla cabalmente con la voluntad del pueblo. Cualquier proceso electoral en territorio del epicentro de la revolución de izquierda más fallida de toda la historia, incluyendo a la cubana, se ha convertido en toda una prueba de paciencia democrática que por momentos se asemeja a un combate contra los pieles rojas, con una oposición metida en un fuerte de palo sin agua, comida, sin municiones y cogiendo flechas con candela por todas partes.

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La última campaña electoral que termina con resultados muy rápidos, claros y sin ningún tipo de ruidos ni rumores, fue justamente la que ganó el difunto Chávez en 1998. El ascenso del militar efectivamente generó preocupación entre los partidos tradicionales y la gente con visión democrática bien fundada, pues el hombre venía, junto a otro buen contingente de funcionarios de verde, con un historial de golpismo militar para nada escondido y, además, la disimulada carga de comunismo de relación muy estrecha con los Castro. Claro que hubo negación, obstáculos y forcejeo, pero nada qué ver con las violaciones legales, agresiones a la Constitución, ventajismos y vulgares trampas de las que se ha valido el chavismo para ganar elecciones más allá del respaldo popular que tuviera en el momento.

Todo el mundo lo sabe y lo ha sufrido. Gobierno con todos los recursos económicos y logísticos, propaganda hasta el hastío, uso ilegal de los medios de comunicación del Estado, manipulación de la gente pobre y necesitada, amenazas a empleados públicos y dependientes del gobierno, uso de grandes empresas como Pdvsa y Cantv, utilización de instituciones como la Fuerza Armada para controlar los procesos, acorralamiento de regiones adversas al comunismo, inhabilitaciones ilegales contra líderes de oposición, juicios y condenas contra personas clave de la oposición, peines para desprestigiar, compra de curules con diputado y todo, compra de abogados y expertos para que se peguen al discurso e intereses del régimen. Todo esto y más se ha vivido en todos los procesos electorales contra el gobierno.

No importa que el chavismo en las encuestas tenga buena ventaja. Su conducta como autoridad será siempre la misma. Los resultados, por ejemplo, a pesar de que se han gastado miles de millones de dólares en un sistema electrónico de votación comprado a una empresa que nació y creció a punta de los contratos con Venezuela y sus representantes, nunca, pero nunca hay resultados a tiempo o en lapsos más o menos razonables. Eso termina cuando lo autorice el presidente o algún militar se oponga a irrespetar al pueblo por medio de cambios profundos en los números finales. Otro recurso, muy usado recientemente, es el de lanzar al ataque a otros poderes, como la justicia, para disparar sentencias superiores y eliminar cargos que han sido obtenidos por la oposición legítimamente, como es el caso de los diputados de Amazonas. Tramposos son, sin duda.

Han llegado al extremo de no nombrar directamente autoridades por encima de la electa, como es el caso de la llamada Presidencia del Área Metropolita por encima del real ganador, Antonio Ledezma. Violaciones legales y constitucionales innegables. Solo tapareadas por una mayoría que ya no tienen y la propaganda abusiva.

Esta vez se reviven públicamente estos procesos fraudulentos con el revocatorio presidencial. Lo que se ha visto hasta ahora es nada. El chavismo sabe con certeza que está perdiendo y eso lo hace más peligrosos, menos democrático, menos civilizado. No es que lo sea mucho. Es que se pone peor.

Hasta las firmas se las rasparon.

 
Elides J. Rojas L.Elides J. Rojas L.

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