UN TRIBUNAL AL SERVICIO DEL DICTADOR

Hacía ya un mes que todo había concluido. El hombre con abrigo y un sombrero un tanto gastado, intentaba no seguir mirando las ruinas en el centro de la ciudad. Acaba de regresar luego de diez años de exilio y todavía no superaba la emoción del retorno. Cuando llegó lo primero que hizo fue buscar a Hans, quien había sobrevivido a la hecatombe. Henri miró una vez más el terrible paisaje urbano, y de pronto captó que estaba justo frente a lo que una vez fue el Tribunal Popular. Ahí se condenó a mucha gente inocente por mantener una posición contraria al régimen, por ser judío como era el mismo, o por criticar al gobierno. No importaban mucho las pruebas ni la propia ley. El juez supremo decidía siempre a favor del gobierno, de la dictadura.

hitler

Hans le contó por carta lo de Roland Freisler. Este era un juez del grupo de Goebbels, y aunque Hitler no le tenía confianza, llegó a ser Secretario de Estado de Justicia del III Reich, presidiendo el Tribunal Popular. Era increíble. Freisler había vivido en la Unión Soviética, y hasta sabía hablar ruso. En su momento se declaró marxista, pero apenas salió a la luz el partido nacionalsocialista, se inscribió. Un salto único de comunista a fascista. Henri, junto con su amigo Hans, estaban inscritos como abogados liberales, democráticos, y quedaron fuera del sistema judicial cuando Hitler ordenó arrasar con todos los jueces que no fueran leales a su gobierno. Luego tuvo que huir a Inglaterra porque corría riesgo de muerte por ser judío. Alguien lo llamó para advertirle el peligro y mencionó el caso Litten. Este era un abogado liberal, que en 1931 hizo comparecer a Hitler como testigo en un juicio. Pretendía demostrar, como lo hizo, que un comando de las violentas milicias conocidas como SA, había asesinado a tres personas en un asalto al Edén Palace de Berlín, cuando se realizaba una reunión política antifascista. Luego de su ascensión al poder, Hitler ordenó la detención del abogado acusador, y Litten fue paseado por varios campos de concentración hasta que se suicidó en el 38. Lo del suicidio nunca fue comprobado.

Hans siguió caminando entre edificios derruidos, restos de bombas y calles destrozadas. “Freisler fue el principal impulsor para borrar las leyes, y establecer el principio Nazi de que la ley es lo que es útil al pueblo alemán. Entonces, comenzó a aplicar terribles sentencias sin ley que les diera un basamento, o sin tener ni siquiera una prueba circunstancial. Así fue como el propio Freisler resucitó la guillotina para ejecutar a estudiantes como los de la Rosa Blanca, condenados sin prueba alguna, por lanzar volantes de propaganda contra el régimen de Hitler. Este juez firmó por lo menos 2600 sentencias a muerte, todas por motivos políticos, según la directriz de su padrino político Goebbels”.

El juez Freisler firmó por lo menos 2600 sentencias a muerte, todas por motivos políticos.

El abogado siguió rememorando. Freisler realmente se comportó como un jurista rastrero ante el poder político. Cuando en 1944 se produjo el atentado contra Hitler, conocido como operación Valquiria, Freisler como máximo juez del Tribunal Popular, condenó a muerte a los complotados. “Hizo todo un espectáculo del juicio, con el beneplácito de Hitler. Al mariscal Witzleben le impidió usar su dentadura postiza a la hora de declarar, de manera que casi no se le entendía. Además, ordenó que le quitaran el cinturón de sus pantalones para entrar a la sala, de manera que se le caían a cada rato, siendo objeto de burla del público, todos militantes nazis. Freisler tuvo un final digno de su personalidad canalla. En febrero de 1945 estaba en el tribunal juzgando a un teniente por conspiración contra Hitler, y en medio de su acostumbrado discurso anunció al acusado que lo mandaría directo al infierno. El teniente Schlabrendorff le contestó: “con gusto le permito ir delante” y en ese momento se desató un bombardeo sobre el sector, explotando parte del tribunal. A Freisler lo consiguieron muerto debajo de una columna, con el expediente del teniente en la mano. Si la justicia terrenal no pudo alcanzar a aquel juez nazi, la justicia divina parece que hizo su trabajo”. Quien a hierro mata…

 

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