DA LA IMPRESIÓN DE UN PAÍS EN MARCHA

Esta vez no apareció vestido de militar, el escenario demandaba un vestuario acorde al “Presidente obrero”: La chaqueta abandona momentáneamente el verde oliva por el marrón claro, gorro protector en la cabeza y un entorno donde las máquinas industriales se mueven sin parar. Da la impresión de un país en marcha. Maduro ha echado a andar la economía. La puesta en escena ha sido exitosa y todos los trabajadores se integran al evento. Toallita sanitaria en mano el Presidente anuncia que la empresa “abandonada” Kimberly Clark recibirá  22 millones de dólares para adquirir insumos y seguir produciendo.

Pero afuera hay otra realidad. Las mujeres venezolanas madrugan frente a  Farmatodo “todos” los días a ver si  en alguna oportunidad consiguen las toallitas sanitarias, desaparecidas desde hace tres años.

toallas

La propaganda insiste en que la empresa de toallas y pañales “fue abandonada” pero durante meses les fueron negadas las divisas que hoy, según promesa de Maduro, serán asignadas a la nueva empresa socialista. Hay alegría en los trabajadores que recuperan su empleo pero la sospecha de los que ocurrirá en poco tiempo no abandona a los que hoy celebran.

Este episodio hace recordar a la empresa Clorox de Venezuela “abandonada por el imperialismo y recuperada por la revolución”. ¿Alguien se recuerda de Nevex o Mistolín junto a las esponjas de lustrillo? Nadie ha vuelto a ver esos productos en el mercado y dicen que allí se instaló una mafia oficial que bachaquea lo poco que produce hacia Colombia.

Al mismo tiempo el superministro militar habla de un inventario de 240 empresas privadas que comenzarán a producir al 100%. ¿Será que Padrino logrará el milagro de que la industria venezolana reciba los insumos necesarios y les quiten de encima las tropas de extorsionadores gubernamentales que hacen casi imposible que cualquier empresa funcione?  ¿Van a dejar tranquila a la Polar y dejarán de estarse llevando preso a sus gerentes? Realmente es difícil pedirle al escorpión que no pique al elefante que accede a pasarlo a la otra orilla del río.

Sesenta por ciento de la industria venezolana ha sido desmantelada. Cinco millones de hectáreas de fincas productivas han sido devastadas. Cada día las regiones reportan la cantidad de comercios que se ven obligados a cerrar sus puertas. El pan ahora es un lujo que requiere 6 horas de cola para dos canillas.

El país está en marcha solo en las imágenes que transmite VTV. Maduro sonríe, da palmaditas a los obreros, celebra cuando le dicen comandante y se viste de militar, muestra cómo su conuco casero construido al lado de Cilia ya ha dado tomates y su gallinero vertical está en plena producción de huevos.

Pero el país real da la impresión de un territorio de postguerra. Una paradójica imagen destaca en medio del caos, la alegría de los venezolanos cargados de bolsas de aceite, harina y papel sanitario dejando atrás el cartel “Bienvenidos a Colombia”, “Venezuela y Colombia unidos para siempre”.

 

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