VLADIMIR PADRINO

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Con la designación del general Padrino López a un cargo de preeminencia sobre los demás ministros,  me vienen  a la memoria eventos históricos que incitan a establecer un paralelismo.  Me refiero a los sucesos que ocurrieron en Nicaragua a raíz de la derrota electoral del Sandinismo en 1990.

Daniel Ortega, líder del Sandinismo (FSLN), ocupaba la presidencia de Nicaragua desde 1985. El programa sandinista estaba inspirado en el socialismo marxista y leninista y era un antecesor ideológico del Socialismo del Siglo XXI. Era un  régimen represor y corrupto. La situación económica y social era desastrosa. Las nacionalizaciones, confiscaciones, expropiaciones de tierras y la economía planificada impuesta por el régimen habían destruido la economía nicaragüense. La inflación era devastadora y el gobernante había perdido popularidad.

Vladimir Padrino y Nicolás Maduro

Vladimir Padrino y Nicolás Maduro

Agotado el apoyo de la tambaleante URSS y bajo fuerte presión internacional, Daniel Ortega convoca a elecciones en 1990, en las cuales se enfrentaría a Violeta Chamorro, resultando la  última triunfadora.

Muchos sandinistas se oponían a la entrega del poder. Se dice que Fidel Castro -cuyo país entraba en el “período especial”- tuvo una intervención decisiva al convencer a Daniel Ortega de entregar, bajo la condición de que Humberto Ortega (hermano del presidente saliente) se mantuviese como Ministro de la Defensa a fin de preservar tanto al Sandinismo como al ejército. De esta forma Humberto Ortega conservó el mando del ejército hasta 1995,  como se había pactado.

Según tales versiones, Fidel estaba convencido de que el gobierno de Chamorro se vería obligado a adoptar medidas económicas que tendrían un alto costo político lo cual eventualmente le permitiría a Daniel Ortega regresar al poder, cosa que efectivamente ocurrió años después, gracias al apoyo de Hugo Chávez.

Pasemos ahora a Venezuela. Con las diferencias del caso, la historia tiene una terca tendencia a repetirse. La designación del general Vladimir Padrino puede obedecer a la misma lógica que llevó en Nicaragua en 1990 a la firma del Protocolo de Transición del Poder Ejecutivo  (Acuerdo de Transición) suscrito con la mediación de Joao Baena Suárez -secretario general de la OEA-  y del ex-presidente Jimmy Carter.

Según todas las encuestas el régimen bolivariano sería hoy derrotado en un referendo revocatorio. El oficialismo aborrece la idea del referendo porque sabe que sería barrido políticamente. Muchos prefieren una renuncia de Maduro, lo cual les permitiría reorganizarse y concurrir después a elecciones con un nuevo liderazgo menos desgastado.

La prioridad sería una transición ordenada con garantías de que no van a ser aplastados.  Una figura como la de Padrino López cumpliría  un papel similar al que le tocó desempeñar en Nicaragua a Humberto Ortega.

Pero hay dentro del oficialismo algunos que saben que no tienen a donde correr. Ellos se opondrán a todo.

Pero más son los interesados en que en Venezuela los acontecimientos no se salgan de madre. Quizá esto sea también una prioridad para  Cuba. Ese país ve con temor la perspectiva de un nuevo “período especial” como el que padecieron a raíz de la derrota del comunismo y la desintegración de la URSS en 1991. Al suspenderse la ayuda soviética, la población cubana enfrentó enormes privaciones, las cuales sólo pudieron superar con la ayuda masiva que comenzó a fluir desde Venezuela  al llegar Chávez al poder.

Violeta Chamorro y Humberto Ortega

Violeta Chamorro y Humberto Ortega

La situación puede repetirse. Los subsidios petroleros que reciben de Venezuela están mermando porque la crisis venezolana es dramática. Nuestra producción petrolera ha caído en más de 230.000 barriles diarios en los últimos 6 meses. De hecho, según el gobierno informó a la OPEP, sólo en mayo la producción cayó en 69.000 b/d; sin embargo la propia OPEP señala en su último informe que, de acuerdo a otras fuentes, el desplome de la producción durante el mes de mayo superó los 120.000 barriles por día. Esto, desde luego, ha impactado los envíos de petróleo a Cuba al extremo de que la refinería de Cienfuegos se está paralizando.

Pero no es sólo el petróleo que recibe de Venezuela. Cuba está severamente afectada por el deterioro del precio del níquel (tiene las mayores reservas de níquel del mundo), una de sus principales fuentes de ingresos, así como por la fuerte caída que experimentó este año la zafra de caña.

Bajo tales circunstancias Cuba, que ya no nos puede exprimir más, también le puede convenir de una transición ordenada en Venezuela que no obstaculice su acercamiento a EEUU. La figura del general Vladimir Padrino -amigo de los Castro- puede contribuir a preservar lazos entre los dos países, tal como Humberto Ortega lo hizo en el caso de Nicaragua en 1990.

Como ocurrió en Nicaragua, la presión internacional sobre Venezuela es enorme. Lo vemos en la OEA, en Mercosur, en EEUU, en el Caribe y en Europa. Internamente la crisis humanitaria es inocultable y la economía deplorable. Con los altibajos y tensiones del caso, en Venezuela parece inevitable una  transición.

 

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