¡Entre el hambre que grita!

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EL HECHIZO

La llegada de Chávez al poder no solo dividió trágicamente en dos la historia del país, también desmembró a las familias, vecinos y amigos. Lo sabemos. Aunque, en lo particular, tengo algunos amigos chavistas, confieso que hay amistades que se quedaron accidentadas en el camino por el hirviente tema de la polarización. Otras se convirtieron en distancia y silencio para evitar confrontaciones. Era como colocar el vínculo en una caja fuerte y preservarlo de la tormenta.

En estos días, una amiga, querida, muy querida, chavista hasta los tuétanos, con quien me unen 30 años de cariño y con quien había pactado tácitamente en sembrar distancia para no dañar nuestra relación, apareció por mensajería de texto, con el tono cálido de siempre. Mi sorpresa tuvo rápida aclaratoria.

Mi amiga estaba deshaciéndose de algunas obras de arte y buscaba compradores. Mi deducción la redactó el sentido común: “¡Qué fuerte todo esto, que uno tenga que vender las obras de arte que posea!”. Y me respondió: “¡Así es, fin de mundo!”. La mesa estaba servida para desembocar en la conversación de todos los venezolanos: la espantosa crisis económica. Le hice énfasis en la forma obscena en la que muchos voceros del gobierno se han enriquecido, en las colas humillantes y en el pran como el único “hombre nuevo” de la revolución. No objetó ni una línea. Solo atinó a responder: “¿Y los bachaqueros? No sé cómo harán para salir de ellos si sacan a Maduro”.

Intenté explicarle que ellos eran consecuencia de un modelo económico equivocado que había distorsionado por completo las reglas de juego. Le hablé de la crisis moral que hace que el propio pueblo explote económicamente a su igual. Y entonces replicó con un parlamento clásico de la vieja izquierda: “el endiosamiento del TENER es producto del capitalismo”. Estábamos llegando a una calle ciega. Calle que se volvió oscura y peligrosa cuando me atreví a comentarle que nunca habría redención moral con tamaño atajo de corruptos en el poder y que Chávez era el autor intelectual de este desastre, poco menos que una estafa galáctica. Craso error. Me exigió que no irrespetara la memoria de sus amores y que el problema nuestro (el de la oposición, supongo) es que nunca entendimos que Chávez fue un padre para todos. “O casi todos”, se atrevió a conceder.

Preferí no explorar el tema de la paternidad irresponsable, tan abundante en nuestro continente. Entendí que estaba ante una persona hechizada. Aun hoy, en este calamitoso julio del 2016. Aún a pesar de esta dolorosa y rocambolesca pesadilla que padecemos todos y cada uno de los venezolanos. El reencuentro fue un fracaso. Se despidió con un “Chao, vale, que duermas bien”, lleno de espinas. Y ya. Olvidó o prefirió no decirme nada más con respecto a su urgencia de vender la serigrafía de un gran artista nacional. Supongo que habrá amanecido al día siguiente con la misma urgencia de TENER algo de dinero para luego TENER algo de comida.

Hay ciertos verbos que el socialismo quiso execrar de la dinámica de la vida humana. Y nunca pudo. En el intento se ha llevado por el medio a países enteros, con un pavoroso saldo de muertes, destierros, presidios y tristezas.

Se vende serigrafía a precio de oferta. En última instancia, se cambia por un saco de Harina Pan y 5 kilos de azúcar. Interesados, favor no hablar de Hugo Chávez.

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…y el amor que ciega

 

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