«JASON BOURNE» NUNCA SE AGOTA

Hay un antes y un después en las películas de espías y acción y este lo marca la saga protagonizada por Matt Damon, por encima incluso del personaje de James Bond

JOSÉ MANUEL CUÉLLAR

Hay un antes y un después en las películas de espías y, en general, en las películas de acción. Y lo marca Jason Bourne, por encima incluso de James Bond que, por cierto, ha tendido a intentar imitar su ritmo y características esenciales sin llegar siquiera a rozarlo. Siempre ha sido muy difícil hacer segundas películasde un original, mucho más terceras o una saga entera. El único caso que se conoce que su alto nivel haya permanecido inalterable es la de este espía surgido de la primera novela de Robert Ludlum, que transcurría en la era de la Guerra Fría y fue trasladada al siglo XXI. Aún resulta mucho más difícil que una quinta entrega (en realidad la cuarta si obviamos la anterior de Jeremy Rennerque es un anexo propiamente dicho) sea tan buena o mejor que las anteriores, como sucede en esta.

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La creación de esta cuarta película fue compleja. Matt Damon dijo que no volvería a la saga si no la dirigía Paul Greengrass, que le dirigió en la segunda y tercera. No hubo manera de convencerle, así que tuvieron que elaborar una buena idea para que el dúo de oro volviera a la tarea. Y no era fácil una vez que ya habían pasado tres películas y el filón de la memoria de Bourne se había agotado.

Al respecto, el productor de la saga, Frank Marshall (cinco candidaturas a los Oscar), comentaba que se reunieron numerosas veces los tres para perfilar un principio de guión: «Por fin se nos ocurrió una idea que encajaba con el regreso de Bourne. Hablábamos de posibles historias con Paul y Matt, y de pronto, una nos pareció idónea. Reconozco que no nos preocupaba realmente realizar otra película, sino que hubiese un cambio relevante en el mundo que nos inspirase para contar una nueva historia. Todos estábamos de acuerdo en que el mundo había cambiado mucho y que podíamos crear un capítulo que encajase con lo que pasa hoy en día».

Un guion coral

En el guión no está uno de los habituales de la saga, Tony Gilroy, pero se ocuparon del mismo Greengrass y su colaborador habitual, Christopher Rouse. Todos hablaban entre ellos, a veces hacían otras películas mientras tanto, pero siempre salía el tema Bourne. Se retomaba, se hablaba y al final todo el mundo estaba estancado. No obstante, otro de los productores de la saga, Gregory Goodman, asegura que eso fue beneficioso: «Creo que fue una buena idea esperar, porque ha permitido que la película toque temas mucho más importantes y ahondar en ellos. Gran parte de la paranoia y preocupaciones que aparecieron en las anteriores películas casi parecen ingenuas si las comparamos a lo que nos enfrentamos en un mundo pos-Snowden y WikiLeaks, además de la sensación de que sí, efectivamente, hay un gobierno secreto del que nada sabemos. Lo que más me convence de esta película es que incluso los supuestos malos tienen argumentos válidos. Como ciudadano, y sin referirme a la película, soy consciente de que tenemos una difícil elección a la hora de escoger entre nuestra necesidad de seguridad y nuestro deseo de intimidad (un tema ya tocado en ‘Enemigo público’, el filme de Tony Scott). La película gira en torno a este dilema, pero dentro de un contexto lleno de acción y subidones de adrenalina».

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A pesar de todo, de las ideas, de los guiones y de la fama ya acumulada (fama que empieza a ser considerado un fenómeno sociológico), nada tenía validez si no se contaba con Matt Damon. Tanto los productores como los guionistas y el director estaban de acuerdo en que la aportación de Damon era fundamental por la gran empatía que el público tiene hacia él. El director Paul Greengrass asegura al respecto que: «Matt hace que Bourne esté próximo a cualquiera. Aporta equilibrio a un personaje en medio de una situación terrible en la que se debate para descubrir la verdad. También creo que la dureza y autenticidad de la película contrasta con otras del mismo género, y el espectador siente que ve algo más serio. Las películas desprenden una sensación casi de documental, y eso unido a la conexión que existe entre el público y Matt las hace más interesantes».

El ritmo, fundamental

Pero si por algo se distinguen las película de Bourne son por el ritmo que se imprime a ellas. Según aseguran sus creadores, esa velocidad terminal no es nada fácil de conseguir. Según señala Greengrass: «Hacer cine significa ser fiel a cómo se ve el mundo. Un director, entre otros cometidos, debe dirigir a la orquesta, conseguir que haya una síntesis entre sus miembros, debe infundir ritmo, y ese ritmo es doble. Está el ritmo de la grabación, del rodaje. En general, un equipo prefiere que sea un ritmo rápido, resolutivo, decidido. Pero también está el ritmo interior de la película, toma a toma, ¿y cuál es? ¿Nos movemos todos con suficiente rapidez o vamos demasiado deprisa? ¿Funciona la dinámica, la coordinación entre la cámara y el sonido, y la interpretación y la escena? Es muy importante darse cuenta de todo esto muy al principio del rodaje. Los intérpretes deben estar alerta. Deben saberse los diálogos y de qué va la historia».

Tomado de ABCCinema.es

 
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