LOS KOLJOZ DEL SIGLO XXI

El Gobierno socialista no deja de sorprendernos.

El reciente intento de reclutar a trabajadores de la empresa privada para realizar trabajo forzado en empresas del Estado mediante una Resolución ministerial, parece un intento épico por emular los trágicos y estruendosos fracasos de Stalin, con la colectivización forzosa de campesinos a partir de 1928 denominados Koljoz; también al Gran Salto Adelante entre 1958 y 1961 en la China de Mao basado también en trabajo forzoso, y, por supuesto, la fracasada “Zafra de los 10 millones” de Toneladas Métricas de azúcar de 1970, promovida por Fidel Castro y basada en trabajo eufemísticamente llamado “voluntario” de centenares de miles de trabajadores urbanos en la recolección de caña.

koljoz

Al menos, en el caso cubano el daño que produjo Fidel se limitó a la destrucción de fértiles cañaverales dejándolos cubiertos de unos inservibles arbustos de marabú. Mientras que los experimentos de Stalin y de Mao costaron decenas de millones de vidas humanas. Si es que la misma se llega a aplicar en Venezuela, pronto veremos el costo humano de la Resolución 9855 del Ministerio del Trabajo, y con la cual se ha logrado, de un solo plumazo, violar simultáneamente la Constitución de 1999, la Ley Orgánica del Trabajo y su Reglamento, así como un puñado de convenios de la Organización Internacional del Trabajo sobre libertad de trabajo, y otras menudencias de obligatorio cumplimiento para Venezuela como signatario.

Para remate, al parecer se pretende acabar también con lo poco que queda de derechos de propiedad, porque las empresas cuyos obreros serán así reclutados, tienen que seguirle pagando a los mismos sus contribuciones de seguridad social y acumulando sus prestaciones sociales. ¿Por cuánto tiempo? La resolución menciona que es por 60 días prorrogables, y eso, en la práctica, significa por tiempo indefinido, y durante el cual, sin duda, las empresas así afectadas tendrán que contratar y entrenar nuevo personal. Personal que, de acuerdo a la presente legislación, se volverá inamovible.

Se pregunta uno si quienes incurrieron en semejante dislate, han medido las consecuencias, o las acciones que tendrán que tomar cuando un grupo de obreros y de supervisores se nieguen a ser trasladados desde la empresa en la que han trabajado por años y cerca de las cuales habitan, con todas las complicaciones familiares que eso significa, porque, sencillamente, no están dispuestos a aceptar esta suerte de recluta militar laboral.

Habiendo sometido a la población a degradantes colas para ejercer su derecho a alimentarse, y negados a implementar una reforma económica integral que saque al país del marasmo, la inquietud que nace gira alrededor de si la intención es aumentar el grado de irritación a tal nivel, como para que se produzca una confrontación con los ciudadanos de imprevisibles consecuencias, o si, sencillamente, estamos ante un caso de incapacidad supina.

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Aurelio ConchesoAurelio Concheso

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