El chavismo shamánico y
LA FUERZA DE LOS HECHOS

Ni Maduro, ni Aristóbulo, ni los hermanos Farías, podrán hacer nada para revertir la terrible situación que vive Venezuela. Ellos son la crisis.  El momento venezolano actual, transitando este mes de agosto de 2016, ya tiene sabor a desenlace.

La decisión de emprender una nueva ruta de argumentos para triangular responsabilidades y aliviar la carga del credo ideológico, colocará a la feligresía chavista en el mismo lugar de siempre. Es un ejercicio inútil. No hay manera de evadir la realidad actual. La que está comentando el mismísimo Bak Ki Moon, de Naciones Unidas. El colapso sistémico; la mediocridad estructural, la violencia sórdida, la descomposición y el caos económico que ha colocado a este país en el subsuelo, sobrellevando la carga de ser la vergüenza latinoamericana del momento.

petroleo-pobreza

Los anuncios que haga Miraflores para honrar lo dispuesto en el Plan de la Patria  -el Corán del fanatismo oficialista- lo único que van a conseguir es colocarnos un poco peor de lo que ya estamos.  Es completamente falso que una recuperación de los precios petroleros podría equilibrar las cargas fiscales, y que con las alforjas llenas el chavismo podría reorganizarse y reemprender su gesta colectivista. Si el precio del petróleo arribara mañana, de nuevo, a los 80 dólares, no sucederíaen lo inmediato nada importante en el país. A eso es a lo que denominan el colapso.

El ocaso del sistema de subsidios del chavismo, y de toda su estrategia económica, no guarda una relación tan directa con el  actual desplome del crudo, tal como afirman, mintiendo, algunos dirigentes del PSUV.

La verdad es que la caída de los precios del petróleo ha pillado a los chavistas con los pantalones en las rodillas, pero el daño, entre la irresponsabilidad de la campaña electoral de 2012, y la corrupción rampante en las filas rojas,  hace rato que estaba hecho.

El patrimonio de la República se había ido por el albañal de Cadivi y el Fondo Chino, estando incluso Hugo Chávez todavía vivo. Eso lo sabe Héctor Rodríguez;  lo sabe Elvis Amoroso, lo sabe Calixto Ortega y lo sabe Gladys Gutiérrez.  Baste recordar que, en 2013, con los precios trepados en la cota de los 86 dólares el barril, ya existía en Venezuela una crisis cambiaria en trayecto; el mapa inflacionario del país ofrecía sus grietas más serias, superando el 50 por ciento anual, y el mercado de los venezolanos se volvía cada vez más escaso y hostil.

Para 2013, los foros chavistas de discusión política seguían empeñados en minimizar la crisis en ciernes.  La sociedad civil chavista corrió a esconderse bajo las eternas conjeturas peregrinas de José Vicente Rangel; las matrices tendenciosas Hinterlaces; las frivolidades de las consignas,  la morfología de los logotipos.   El país existente era el que presentaba a los ciudadanos el inefable rotativo Ultimas Noticias: el que prometía un dólar a 6.30 “para todo el año”.

Los dirigentes del PSUV  responsabilizaban a los medios de comunicación por ser los promotores de un estado de zozobra, los célebres portavoces del  “terrorismo mediático”. Todavía recuerdo, como si lo estuviera viendo, al Elías Jaua del año 2011, fustigando en los peores términos a Globovisión por colocar información sobre la escasez de papel higiénico –escasez ésta que, por entonces, él denominaba “puntual”.

Venezuela no va a mejorar en manos de Maduro. Tampoco en manos de Jaua, Cabello o El Aisami.   La clase dirigente chavista amasó un volumen de recursos jamás visto en Venezuela: en un parpadeo, con un entorno internacional favorable y todos los factores de poder en las manos, la arruinaron por completo.  En lo adelante, el relato de los hechos ofrecerá, como de hecho ya lo hace, una siniestra distopía.

El chavismo shamánico  seguirá bordando sus chistes, recordando con nostalgia a Carmona, suspirando en secreto por los años de La Hojilla, evadiendo las implicaciones sociales de la circunstancia que ha provocado.

El extravío es voluntario: en 2013, el chavismo shamánico se burlaba de la veracidad del audio de Mario Silva y aplaudía rabioso a Maduro por haber provocado el “dakazo”, conocido pórtico de la africanización de este país. En su santoral podrán conseguirse, todavía, a esclarecidos diletantes como Alfredo Serrano Mancilla, el exquisito académico español que asesora a Nicolás Maduro, nuevo maestro de ceremonia de esta tragedia continuada, que experimenta en silencio con todos sus disparates y prejuicios, usando a nuestro pobre país como maqueta de pruebas.

 
Alonso MoleiroAlonso Moleiro

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