MARCHAR EN CARACAS

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El 1 de septiembre será la toma de Caracas. No es un acto para tumbar el gobierno, ni para incendiar a Caracas o apedrear a Miraflores. Es un acto democrático, ciudadano que pretender ser la respuesta  que demuestra la voluntad de un pueblo de luchar con dignidad contra un gobierno que ha escogido el peligroso camino de la sordera.

El régimen está retando la paciencia y la bondad del pueblo. Un pueblo que ha visto como hemos llegado a esta pesadilla de la miseria y de hambruna, mientras los enchufados se hacían de las fortunas más obscenas.

El régimen está jugando con fuego y gasta sus últimos cartuchos entre el halago y la represión. Un aumento de salario mínimo que escasamente ayudara a comprar una empanada diaria más, acompañada de la ratificación de la sentencia a Leopoldo López y las amenazas y agresiones diarias a dirigentes sociales y políticos.

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El régimen cierra las puertas democráticas y electorales, negándose a hacer el referendo e incluso las elecciones regionales, previstas en la ley.

El régimen y el G2 desfasado de la guerra fría que cree que la gente se asusta y se inhibe. No conoce la las mujeres de Ureña que obligaron a sentarse a Santos y a Maduro antes de que le pasaran por encima de nuevo a la oprobiosa GN. Sigue jugando a intimidar y millones de compatriotas lo desafían a diario en las calles protestando por comida y contra el hambre.

Los capitostes del régimen tienen mala memoria. No recuerdan que el muro de Berlín cayo sin disparar un solo tiro porque un guardia dejo abierta una puerta; no recuerda que el 1 de diciembre de 1957 “fracasaba” un levantamiento militar contra Pérez Jiménez y que la Seguridad Nacional auguraba larga vida a la dictadura, nada más que para que el 23 de enero el pueblo en la calle lo echara del poder; no recuerdan el “dictador perfecto”, tocayo de Maduro, Nicolás Ceceauscu convoco a una manifestación a sus partidarios y en 10 minutos estos entraron al Palacio Presidencial, lo detuvieron y al día siguiente era ejecutado por sus propios generales.

El 1 de septiembre los venezolanos acompañaremos la exigencia de más de 15 gobiernos democráticos de la América Latina que le dice a Maduro y a Tibisay que dejen de hacerse los locos y convoquen el referendo.

Durante estos días, hemos recorrido la geografía del estado encontrándonos con vecinos, trabajadores, jóvenes, amas de casa para llamarles a organizarse en un gran voluntariado que multiplique la presencia en Caracas. Ya sabemos que nos trancaran autopistas y carreteras. Nos bajaremos de los vehículos y caminaremos como nuestros compatriotas de Ureña y llegaremos a Caracas.

La gente no aguanta más. El hambre y la desesperación están llegando al punto en que cada madre y padre de familia se está convenciendo de que es igual que le den un tiro en la calle a morirse de mengua en la casa.

Las escenas dantescas de niños comiendo en la basura, la mendicidad galopante, la delincuencia desatada, el costo escandalosos de los artículos de primera necesidad son una pesadilla que solo terminará si salimos de Maduro. Tenemos una oportunidad democrática, pacífica y constitucional de hacerlo. El CNE debe convocar el referendo para este año. En el fondo es sencillo. Así, incluso, el chavismo honesto tendrá oportunidad de recuperarse como fuerza política y actuar democráticamente en el futuro.

 
Julio Castillo SagarzazuJulio Castillo Sagarzazu

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