VENEZUELA SE ESTÁ MURIENDO…

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DE IOAN GRILLO / CARACAS | FOTOGRAFÍAS DE ÁLVARO YBARRA ZAVALA

“El colapso en cámara lenta de una nación”

Las largas colas para adquirir alimentos son la señal más visible de una nación que va en caída libre. Se forman antes del amanecer y duran hasta que comienza caer la noche. Son colas de varias personas a lo ancho, que se extienden por millas, serpenteando, tanto en las urbanizaciones arboladas de la clase media como en los barrios más pobres e insalubres.

En un país cuyo rico subsuelo incluye las mayores reservas de petróleo conocidas en el mundo, ciudadanos hambrientos esperan, en su día asignado, para adquirir aquello que los abastos y supermercados puedan ofrecer: con suerte logran algo de harina de maíz para hacer arepas, y de vez en cuando, con suerte, un champú.

“Nunca pensé que llegaría a esto”, dice Yajaira Gutiérrez, una contadora de 41 años de edad, mientras espera su turno en el centro de Caracas. “Que en Venezuela, con todo nuestro petróleo, llegaríamos a luchar para obtener unas tortas de maíz.”

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En el hospital Dr. José María Vargas de la capital, un médico señala a una mujer de 73 años de edad que se está muriendo de insuficiencia renal porque el hospital carece de los medicamentos necesarios para realizar una diálisis de rutina. En una estación de policía de Caracas, más de 150 presos hacinados en una celda hecha para 36, todos de pie sin camisa (no hay lugar para sentarse) en medio del hedor del sudor y las heces.

En el estado Lara, una región árida, un maestro de primaria de la escuela primera me cuenta que los niños se desmayan de hambre, en medio de la clase.

La economía se contrajo el año pasado en casi un 6%, y se espera que se reduzca en hasta un 10% este año.

Venezuela fue un país luminoso en la América Latina, además de ser tierra natal de Simón Bolívar, héroe que liberó gran parte del continente de la dominación española. Ahora, después de años de mala gestión política y meses en caída libre, solo sirve de faro de advertencia para toda la región.

El bolívar, moneda llamada así en memoria del propio Libertador, se lleva en grandes bolsos en lugar de portamonedas; un bolívar vale menos, mucho menos, que un centavo de dólar. Mientras que la producción sigue cayendo en picada, el crimen se dispara y riñas por alimentos, con frecuencia estallan en las colas.

El número de homicidios el año pasado osciló entre 17.000 y 28.000 pero nadie conoce la cifra exacta.

El número de homicidios el año pasado osciló entre 17.000 y 28.000 pero nadie conoce la cifra exacta.

El número de homicidios el año pasado osciló entre 17.000 y 28.000 pero nadie conoce la cifra exacta. Si se toma en cuenta la presencia de una combinación letal de bandas callejeras, carteles de la droga, guerrilleros de izquierda y paramilitares de derecha, que luchan por el predominio- puede ser la tasa de asesinatos más alta del mundo. También los animales se están muriendo: unas 50 especies del zoológico han muerto de hambre en los últimos seis meses.

“Es como si se hubiera producido una catástrofe natural, como si un poderoso huracán hubiera barrido el país” señala Henrique Capriles, gobernador del estado Miranda y ex candidato presidencial. “Si no buscamos una solución democrática constitucional, me temo que habrá una explosión en Venezuela y todo terminará colapsando.

El hambre crece en Venezuela con la escasez. Las personas a menudo esperan largas horas en las colas en busca de escasas provisiones. Con la tensión y el descontento, la violencia se extiende.

Alcanzar una solución luce casi imposible en un país gobernado por los legatarios de un hombre ya fallecido. Durante los 14 años que ejerció la presidencia, antes de morir de un cáncer en 2013, Hugo Chávez puso en marcha dinámicas políticas, y políticas socio-económicas  que han conducido a la catástrofe y parálisis descritas.

En Venezuela, casi todos los políticos, y muchos ciudadanos comunes se definen como chavistas u opositores. El actual presidente, un ex conductor de autobús, Nicolás Maduro, se afinca en el legado de Chávez, pero no tiene ni su carisma ni la buena estrella de su mentor.

Chávez disfrutó de precios del petróleo por las nubes durante la mayor parte de su mandato, pero Maduro ha visto caer los precios del petróleo, de 100 $ por barril, a un promedio de $ 35, que es su nivel actual. Chávez tuvo también un masivo apoyo popular, pero en diciembre de 2015, la población se volcó en contra del gobierno de su heredero, cuando la oposición ganó, por primera vez desde 1998, una mayoría en la Asamblea Nacional.

Los venezolanos a menudo esperan muchas horas en extensas colas en busca de escasas provisiones

Los venezolanos a menudo esperan muchas horas en extensas colas
en busca de escasas provisiones

Sin embargo, nada ha podido lograr el bando opositor con el poder adquirido, dada la intervención de otro legado “chavista”, su control total del Tribunal Supremo de Justicia, que ha anulado 18 leyes o mociones sancionadas por la asamblea, entre ellas la ley que ordenaba la liberación de más de 100 presos políticos, entre ellos el líder opositor Leopoldo López, encarcelado pese a que el propio fiscal de la causa admitió que las pruebas en su contra habían sido manipuladas.

Bloqueada la legislatura, la oposición ha decidido ir directamente por Maduro, y ha logrado más de un millón de firmas para exigir un referéndum revocatorio. Las encuestas indican que el presidente perdería por amplísimo margen, pero el mandatario aun cuenta  con herramientas a su disposición, entre éstas, a los militares y la policía, que bloquearon el 27 de julio la manifestación opositora que intentaba marchar hacia la sede del Consejo Nacional Electoral, un órgano igualmente dominado por el chavismo. Maduro ha dejado claro que no piensa dejar el poder. En mayo declaró un estado de emergencia, y ordenó maniobras militares en preparación para una imaginaria “invasión extranjera”. Por televisión, Maduro culpa de la crisis a los ricos que trabajan para la CIA y a la presencia de paramilitares colombianos en la frontera. Por complemento, militantes chavistas marchan diariamente dándole un apoyo desafiante a su asediado presidente. “Estamos dispuestos a derramar nuestra sangre la defensa de la patria [patria],” dice Endri Carvajal en una manifestación chavista de mototaxistas. “Si hay una intervención, sus soldados morirán aquí”.

El Estado venezolano ya no puede importar bienes suficientes produciéndose la gravísima escasez.

El Estado venezolano ya no puede importar bienes suficientes produciéndose la gravísima escasez.

Venezuela no debería estar en estas condiciones. El país posee el 18% de las reservas probadas de petróleo del mundo, unos 300 mil millones de barriles. Pero lo que el diplomático venezolano y fundador de la OPEP Juan Pablo Pérez Alfonzo una vez llamó “excremento del diablo” (el petróleo) ha sido un arma de doble filo. Ha acrecentado el enriquecimiento progresivo de una élite políticamente influyente, mientras medio millón de pobres, solo en Petare, barriada de Caracas, se aferra a una  vida precaria en las laderas marginales de la ciudad. A pesar de esa enorme desigualdad, Venezuela se mantuvo relativamente tranquila hasta finales de 1980, cuando los precios del petróleo comenzaron un prolongado proceso de descenso. Las protestas por las condiciones económicas culminaron en el saqueo (1989), y en medio de la confusión, un paracaidista joven llamado Hugo Chávez intentó provocar un golpe de estado en 1992. Chávez estaría dos años en prisión por sus acciones, pero finalmente se recuperaría al ganar la presidencia en las urnas en 1998. Ya presidente, Chávez actuó como un populista cualquiera, haciendo poca mención al socialismo, y centrándose su ira sobre el establishment corrupto de Venezuela mientras con su carisma, se ganaba el corazón de los pobres. Pero después de superar a un fallido golpe de estado en 2002, dio un giro radical. Comenzó lanzando andanadas diarias contra los ricos venezolanos y sus amigos norteamericanos. Los EE.UU. ya era entonces un blanco fácil y conveniente en el discurso político de América Latina, gracias a una larga historia de golpes de estado, invasiones directas o patrocinadas y su apoyo a gobiernos títere durante la Guerra Fría. Chávez se afincó especialmente en sus críticas hacia el entonces presidente EE.UU., George W. Bush, a quien calificó literalmente de diablo, señalando al terminar éste su discurso en 2006, que la tribuna de oradores “huele a azufre todavía”. Para entonces Chávez, se había convertido en estrella de rock de la izquierda mundial, que pensó haber encontrado un modelo ideal, posterior a la Guerra Fría, en lo que el presidente de Venezuela describía como su “revolución bolivariana”.No obstante, Chávez practicó una extraña versión de socialismo, confiando en la industria petrolera de Venezuela, tanto como cualquier predecesor capitalista.

Desesperados por el hambre, muchos buscan algo para comer en la basura

Desesperados por el hambre, muchos buscan algo para comer en la basura

Cuando el petróleo llegó a alcanzar $ 140 por barril en 2008 (Después de haber tocado fondo a $ 8 diez años antes), su gobierno anunció la construcción de un millón de nuevas viviendas.

También clínicas médicas de esquina (en su gran mayoría con médicos cubanos, como parte de un acuerdo de crudo para la medicina con La Habana) e incluso repartiendo computadoras portátiles y lavadoras en los barrios. “Nosotros decíamos que Venezuela se había convertido en el país de los pobres felices”, dice el economista Eduardo Fortuny. “Sin mejorar realmente sus ingresos, Chávez les dio más cosas. La popularidad de Chávez iba de la mano con el gasto público”.

Chávez decidió también fijar los precios de los alimentos básicos, desde el café hasta las galletas. Cuando la producción se hizo poco rentable para las empresas venezolanas, Chávez simplemente utilizó el dinero del petróleo para importar lo que faltaba. Ganando elección tras elección, pasó a expropiar cientos de empresas privadas, y desde plantaciones de azúcar a granjas lecheras. Y cuando el bolívar comenzó a perder valor, estableció un control de cambios para evitar la fuga de divisas.

Estas medidas fueron el semillero de la crisis actual. Al no poder comprar legalmente dólares, los empresarios recurrieron al mercado negro, y en ese  mercado paralelo, las tasas de cambio se dispararon. Mientras la tasa básica oficial es hoy de 10 bolívares por dólar, el bolívar se cotiza en la calle a más de 1.000. El colapso de la moneda se ha visto agravada por la caída de los precios de petróleo, lo que significa que el Estado venezolano ya no puede importar bienes suficientes produciéndose la gravísima escasez que hemos descrito.

La producción nacional ha sido diezmada con lasfincas y fábricas que Chávez expropió y se mantienen virtualmente inactivas. La crisis ha perjudicado también a empresas internacionales, que han visto unos $ 10 mil millones en ganancias desaparecer en los últimos 18 meses. Muchas están dejando el país. En mayo, Coca-Cola suspendió sus operaciones de embotellado, debido a la falta de edulcorante, y en julio McDonald’s temporalmente dejó de vender Big Macs debido a la falta de pan.

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Con todo lo mal que están las cosas en Caracas, la miseria es aún mayor en el resto del país.

Mario Mora, un obrero de 52 años de edad, se sienta bajo el sol abrasador en la aldea de Pavía, próxima a Barquisimeto, luego de esperar desde el amanecer la llegada de bombonas de gas para calentar agua y cocinar. La espera será en vano. A las 4 p.m. un oficial de policía le informa a la multitud que no habrá gas hasta el día siguiente. Mora tendrá quebuscar ramas secas para hacer fuego y cocinar tortas de maíz y frijoles para su esposa y sus cuatro hijos. Solo comen una vez al día. “Siempre he sido pobre, pero nunca he visto algo tan malo como esto”, dice.

Apenas algo mejor vive la clase media urbana que, no sin razón, se llaman a sí mismos “los nuevos pobres”. Yajaira Gutiérrez, la contadora que espera en una cola para adquirir alimentos en Caracas, dice que hace cinco años, su salario equivalía aproximadamente a  $ 800 por mes. Ahora, a pesar de aumentos regulares, equivale más o menos a $ 70. Cuando ella no puede conseguir comida en las tiendas, busca encontrar lo que requiere en el mercado negro, donde vendedores ambulantes venden los productos regulados a precios 10 veces mayores. “Me he estado aseando a mí misma con jabón de lavar platos”, dice ella.

El hacinamiento en las cárceles venezolanas es inhumanamente brutal.

El hacinamiento en las cárceles venezolanas es inhumanamente brutal.

Los medicamentos a menudo no se pueden encontrar a ningún precio. Cuando Rainer Espejo supo que su hija, Bárbara, de 2 años de edad, tenía leucemia, tuvo que recurrir a un vecino que trabaja en Colombia para traer como contrabando la droga que necesita. Con los frecuentes cortes de fuerza eléctrica, apagones, Bárbara se somete al tratamiento en un ambiente deplorable, con esporádicos espacios con aire acondicionado y escasez de agua, que hace difícil la tarea mantener su limpieza. “Se trata de una forma cruel de supervivencia”, dice Espejo. “Uno puede deprimirse. Pero el problema sigue ahí, por lo que tiene que hacerle frente.”No menos llamativo son las cárceles repletas. Algunos presos tienen acceso al agua sólo una hora por día, y deben orinar y defecar en bolsas de plástico que deben esperar a que los guardias las recojan. “En estas condiciones, tu mente se deteriora”, dice Daniel Sayago, de 24 años, quien ha sido acusado de atraco. “Tienes que cerrarla en partes para poder sobrevivir.”Para Capriles, el único cambio significativo posible se produciría al revocarle el mandato a Maduro, cuyo periodo se extiende hasta 2019, y tras la celebración de nuevas elecciones. Capriles dice que un nuevo presidente –posición a la que aspira- podría eliminar los controles de precios y de divisas, mientras los efectos sociales secundarios se aliviarían con ayuda humanitaria proveniente del exterior.Pero el destino del país puede ser, en última instancia, la intervención del ejército, un protagonista de primer orden, en un ámbito político rodeado de grupos armados. El ejército ha apoyado hasta ahora a Maduro, pero ha derrocado gobiernos tres veces en los últimos 70 años. “Las fuerzas armadas están llegando a una hora difícil, decisiva”, dice Capriles. “Y van a tener que tomar una decisión: ¿O están con Maduro, o están con la constitución?”

Tomado de TIME magazine, escritos con aportes de Jorge Benezra / Caracas

Traducción hecha por Strategyon

 
Ioan GrilloIoan Grillo

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