LA POLÍTICA SEGÚN LOS PERROS

Parte de mis estudios de la conducta los he realizado en la especie canina.

Actualmente tengo dos manadas que con muchos sobresaltos mantengo debido a las condiciones país. Viven en condiciones bastante diferentes a la de sus ancestros salvajes y a la de sus actuales semejantes urbanos. Baste decir que no tienen que lidiar por conseguir su alimento, pues este le es suministrado diariamente por manos humanas. No tienen necesidad de hacer largas colas según su número de cédula ni medrar entre la basura a ver qué consiguen.

perros

Sus condiciones habituales son de buena estimulación cotidiana y el clima social de estas manadas es de satisfactoria armonía. Los perros dominantes ejercen una jefatura suave, no tiránica, y  solo actúan subsidiariamente para resolver desavenencias  internas. De hecho, hay que mirar muy atentamente para poder identificara quienes ejercen el mando supremo pues ninguno hace alarde de su condición ni tiene escoltas.

Traban alianzas para manejar las interacciones entre ellos, pero de ningún modo se observa que se agavillen para sojuzgar a otros.  No se registran conflictos por defender alimentos pues lo usual es que ninguno trate de hurtar lo que le es de otros. Sólo se come de un plato ajeno si el propietario lo abandona. Nadie es expropiado. Desde luego que hay situaciones eventuales de tensión, pero son resueltas en breves segundos con algunas exhibiciones de señales disuasivas. Hemos observado que en situaciones de tensión y casi conflicto interno, el  ejemplar dominante se hace presente disuadiendo con su presencia  a los candidatos a pelear, sin necesidad de un TSJ para interpretar sus normas.

En este contexto, la política según los perros en condiciones en los cuales vivir no consiste en luchar por la sobrevivencia, consiste en  hacer alianzas entre ellos, cooperar con los humanos y  que las relaciones sociales del grupo transcurran sin tensiones internas por espacios, comida o fuentes de estimulación. Nunca los hemos visto agredir a otro por celos ante las caricias nuestras a un ejemplar cualquiera.

En cierta ocasión murió el jefe de la manada. Un perro muy fuerte, Brandon, hijo del perro jefe muerto, asumió el comando del grupo. Brandon jamás se mostró interesado en comandar la manada, pero cuando tuvo que hacerlo así lo hizo. Lo más sorprendente fue que otro hermano suyo creció y se perfilaba como futuro jefe. Brandon fue quien forzó el relevo, no se atornilló en la jefatura mediante un CNE tramposo y se hizo a un lado en el momento oportuno sin necesidad de revocatorio. Más aún, el nuevo líder tenía en Brandon su mejor aliado.

Estas observaciones nos hacen ver que la política según los perros está hecha para evitar conflictos, no para crearlos como hace nuestro gobierno. Son solidarios sin hacer publicidad, así si una perra pare, otras perras ayudan en la crianza.

Cuando salgo con la manada por las calles y divisamos alguna jauría callejera, ellos se detienen si así se les ordena. Lo usual es que yo les indique en lenguaje canino a los otros que se retiren, lo cual hasta ahora siempre han hecho. La manada se queda a mi lado para hacer ver nuestro “poder de fuego”  y siempre los otros quedan disuadidos pacíficamente de cualquier intentona belicista. Nuestra manada es un “colectivo”  que no agrede, a menos que haya imperiosa necesidad.

Podría pensarse que por sometidos a mi autoridad no pelean en mi presencia, pero no es así. Cuando vamos a una panadería cercana ellos esperan fuera y aunque otros perros les ladren no caen en provocaciones. No obstante, están lejos de ser pacifistas a ultranza. En cierta ocasión estando yo algo alejado de ellos en un parque, un perro se soltó de su dueño y quiso agredirme. Brandom llegó  para defenderme y detrás de él  otros perros de la manada.

Una de las manadas ocupa un patio donde hay una mata de aguacate. Cuando cae alguno al suelo el cachorro Vale lo busca y lo coloca junto a otros ya recogidos, siempre en el mismo lugar. Quien quiere, toma uno y lo come. No necesitan decreto de abastecimiento soberano para distribuirlos.

En ocasiones ante un ruido irregular, una presencia desconocida o un perro extraño que se haga visible, nuestros perros  suelen alertarnos con sus ladridos, pero ninguno se encadena ladrando sin parar. De hecho se callan cuando se les pide. No es necesario apagar nada ni cambiarnos de lugar.

Nuestra condición de animales simbólicos nos hace crear continuamente metáforas. Por ello hablamos de la “paloma de la paz”, de gente que parece “hienas”  y así por el estilo. Esta es la razón por la que no puedo evitar comparar las condiciones de vida de mis manadas caninas con nuestra situación país, el gobierno que tenemos y su estilo de gobernar. Ante estos hechos suelo preguntarme ¿quiénes en realidad viven una “vida de perros”?

 
Daniel AsuajeNo photo

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