¡CUIDADO CON PENSAR DISTINTO!

Disentir, poner en duda alguna política emitida desde el alto gobierno, exigir un derecho o cuestionar el rumbo que toma la revolución se convierte en un estigma, una marca indeseada, en un ser despreciable.

En la extinta Unión Soviética los enviaban a Siberia. Los nazis simplemente exterminaban a sus enemigos; en Corea del Norte se los echan a los perros en espectáculos privados; Stalin terminó mandando a matar a miembros de su propia familia. Cuando discrepar o pensar distinto se califica de “traición” y se convierte en una forma de delito a los ojos del poder, el castigo y los métodos para obligar a la sumisión pueden comenzar con amenazas y medidas que no conducen a la muerte o a la prisión, pero nunca se sabe dónde terminarán las acciones derivadas de la ambición del poder.

ledezma

En Venezuela, figuras relevantes como Leopoldo López, el alcalde Antonio Ledezma y el excandidato de la unidad Manuel Rosales, más unos 100 jóvenes dirigentes y activistas han terminado en las mazmorras del chavismo.

Pero al lado de eso, desde sus propias filas, quienes disienten terminan execrados, desterrados ideológicamente y aislados de cualquier privilegio del aparato político.

Pero la repulsión ideológica toma dimensiones extremas cuando un líder fundamental de esa cúpula, como lo es Diosdado Cabello, primer vicepresidente del PSUV, ordena a los funcionarios públicos poner al escarnio público a aquellos funcionarios y desde luego a sus propios compañeros de trabajo, quienes firmaron la solicitud de referendo revocatorio. Es así que les pide poner pancartas al frente del organismo donde laboran estas personas que expresaron un derecho consagrado en la Constitución impuesta por el propio chavismo.

Dice Cabello: “Usted, hermano, hermana, trabajador, trabajadora si sabe que hay un jefe escuálido, haga una pancarta como esa y póngala al frente de la institución para obligar a que se tome la medida y no haya más escuálidos al frente de los organismos del Estado”.

Tal manera de actuar o de pensar no es exclusiva de quien fuera presidente de la Asamblea Nacional, sino es parte de una ideología, de un concepto de dominación que germinó justamente desde los tiempos de la URSS y el estalinismo y se extendió en grupos minoritarios, pequeños partidos de izquierda y ciertos intelectuales que han vivido de los recursos que esos grupos obtienen legal o ilegalmente.

Casos excepcionales, al surgir un líder carismático como ocurrió en Cuba y Venezuela esa izquierda logra el poder. En Venezuela ese concepto se alimentó desde Cuba, Chávez lo extendió en América Latina, pero hoy está en retroceso en el continente en donde las democracias están reaccionando frente a tal intolerancia que se pretendió arraigar.

La orden de Cabello la acompañó la del alcalde Jorge Rodríguez quien dio un plazo de 48 horas para que una lista de 99 funcionarios fueran expulsados de sus cargos.

Vimos como durante la recolección de firmas algunos funcionarios se presentaron con sus credenciales ministeriales, gente de base del chavismo lo hicieron con sus franelas con la cara de Chávez y militares y milicianos con sus uniformes de campaña.

Seguramente a estas personas se les verá nuevamente el primero de septiembre en la toma de Caracas, exigiendo su derecho a poner fin a este régimen que permite que asesinen a sus ciudadanos en cualquier esquina, donde el hampa es el poder, y donde los bebés mueren por desnutrición mientras duermen.

Toda esa gente se movilizará porque lo de Venezuela no ocurrió en los tiempos de Stalin ni de Hitler y sus ciudadanos se formaron y crecieron con democracia.

 Y ese sí es un legado difícil de borrar.

 

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