EL DÍA MENOS PENSADO

mariposa

El juego de poder que aquí se desarrolla no es por la presidencia de la República sino entre un obstinado grupo empeñado en imponer un modelo autoritario fracasado; y una amplia mayoría que quiere volver pacíficamente a las sendas de la democracia y el bienestar económico.

Ninguna de estas fuerzas es un bloque monolítico, porque no se trata de ejércitos de clones dentro de una guerra de las galaxias. Ni siquiera el estamento militar es así.

De un lado, hay una desenfrenada rapiña a los restos de la economía, disfrazada por una ilusa quimera revolucionaria; y por el otro, un país paralizado política y económicamente, que desangra sus mejores recursos sociales en una emigración continua y creciente. Un país donde los económicamente débiles subsisten en la desesperación, apenas comenzando a sufrir privaciones jamás vistas desde el siglo XIX.

Aquí una oposición cívica, civil y desarmada ofrece una opción viable, constitucional, pacífica y electoral para romper el “impasse” y volver a una vida política normal: un referendo revocatorio que -de celebrarse antes del 10 de enero de 2017- traería nuevas elecciones y un cambio total de régimen.

Se trata de una opción válida incluso para quienes quisieran adecentar lo que alguna vez fue un sueño de cambio revolucionario, y tomar oxígeno para continuar hacia nuevas etapas de lucha política.

El juego político civilizado lo tranca una rosca de no más de 500 enchufados que llevan 17 años rotándose el poder, los privilegios y las riquezas.  Pero aún dentro de ese contingente, apenas una minoría relativamente pequeña estaría sujeta a eventuales responsabilidades penales por violación grave de derechos humanos, narcotráfico, prevaricación o latrocinio.

No son más de dos o acaso tres docenas de civiles y militares que corren peligro de enfrentar leyes nacionales e internacionales por delitos de mayor envergadura. Y sin embargo acorralan a todo un país haciendo creer que cuantos simpatizan o han colaborado con el régimen serán objeto de represalias y privaciones si a ellos los desalojan del poder.

Desconociendo la naturaleza tolerante y generosa de las mayorías, invocan la doctrina del ladrón que cree que todos son de su misma condición, y en esa frágil tabla radica la precariedad del régimen.

Resulta que cada día aumenta el número de factores políticos, económicos y sociales que entran al juego; y en cualquier momento un hecho o evento en apariencia intrascendente -como el batir de las alas de una mariposa- puede alterar el precario equilibrio de miedos que lo sostiene.

El día menos pensado.

 

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