LOS JUEGOS

Brasil merece muchas felicitaciones por sus juegos olímpicos. Después de meses de las más negras predicciones sobre la organización de las olimpíadas de Río, el evento resultó un éxito deportivo, de logística y de belleza. Los primeros juegos en Suramérica, en el país más parecido a nosotros de todos los que han presentado unos tales, ofrecen muchas lecciones para toda Latinoamérica y para los países emergentes en general (inclusive para los que éramos emergentes, ahora sumergentes, pronto emergentes otra vez).

Las Olimpíadas de Río tuvieron lugar en mal momento para Brasil, al menos en comparación con el boom que se vivía hace ocho años, cuando se eligió a Río de Janeiro como sede de los juegos. Entonces mandaba Lula, y Lula era bueno, o al menos eso creían los más engañados. Había dinero y el país vivía del orden que había puesto Cardoso. Ahora, la sucesora de Lula, que terminó pagando sus facturas, entre ellas la del robo colosal de Petrobras (Lula en Caracas como factor comercial de Odebrecht, que tiempos aquellos), está siendo juzgada y la economía atraviesa una severa crisis (severa en términos normales, 5% de caída del producto, inflación del 8%, la torta chavista no tiene parangón). ¿Cómo es posible que los juegos tuvieran éxito?

juegos

Porque no los hizo el gobierno, sino miles de personas de miles de organizaciones: federaciones deportivas, empresas, anunciantes, otros países. Las olimpíadas fueron el triunfo de la libertad, no del Estado. Pero también fueron el triunfo del Estado brasileño, porque supo dedicarse a lo suyo, a la seguridad, a la infraestructura, a las comunicaciones, y dejó que cada quien hiciera lo propio. Chávez nos acostumbró a que todo lo hace el gobierno (de allí la ridiculez suprema del periodista de VTV obligando a la atleta venezolana a ¡darle gracias a Maduro!), y aprendimos con hambre y sangre que así todo se desintegra.

Los gobiernos son siempre malos, sólo que hay unos peores que otros, y lo hay pésimo, como es éste que nos agobia. Por eso es tan importante en un país limitar al gobierno, reducirlo a lo que debe hacer, a que no le roben los zapatos a Yulimar Rojas, pero que no la entrene. A que no asalten los camiones de comida, pero que no pretenda llenarlos. Subsidiariedad llamaban eso antes, y Río fue una buena muestra. No todo depende del gobierno.

 

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