DE COMO MIRANDA FUE ESPÍA DE LA CORONA

Comisionado español para canje de prisioneros, Jamaica, 1782

“Traigo noticia exacta de las escuadras enemigas que existen en aquella isla, de las que próximamente se esperan de Europa, el número de tropas veteranas que hay en el día y de su milicia, planos topográficos del país que son bastante exactos…” El Capitán General volvía a leer aquella misiva confidencial de unos cuatro meses atrás. Ahora todo estaba trastocado. Increíble que su ayudante de campo tuviera orden de arresto, luego de haber hecho tanto por la Corona.

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En el sitio de Pensacola, Miranda se ganó el grado de teniente coronel. Pero lo valioso, lo hizo después. Pasado un tiempo hubo necesidad de canjear prisioneros. En La Habana teníamos muchos ingleses que costaba mucho mantener y en Kingston estaban presos muchos oficiales y tropas españolas. Por eso envié a Miranda, un oficial ilustrado más allá de lo normal y que además manejaba idiomas. La verdad, la misión más importante era la de averiguar las debilidades de Jamaica, pues tenía fama de isla inexpugnable.

–Y Miranda cumplió. Al principio, los ingleses no querían recibir a mi oficial. Pero luego sus modales, el dominio del idioma y sus conocimientos, terminaron por abrirle las puertas de la isla. Los del otro bando entendieron la necesidad del canje que proponía mi comisionado. Y mientras tanto Miranda logró los servicios de DFA, un inglés bien relacionado. Y no sólo investigó toda la isla, sino que a través de este Allwood, compró tres embarcaciones ligeras propias para corsarios y las envió a La Habana. En tres meses hizo todo.

Cajigal, ahora gobernador de Cuba, se lamentaba por los hechos que se produjeron a la llegada de Miranda. “Alguna intriguilla de un resentido por el ascenso de mi oficial, llevó al intendente de aduanas a decomisar el equipaje de Miranda. La acusación era de contrabando de géneros y efectos ingleses. La verdad, es que ahí traía documentos y mapas de Jamaica, nuestro próximo objetivo militar. Miranda alcanzó a avisarme y procedí a interceptar el convoy, para controlar el equipaje y que nadie se enterara. El intendente se quejó y ahí comenzó el problema. Tuve que defender a Miranda ante el ministro Gálvez, y éste, a pesar de que iba mi nombre por medio, de todas formas dejó proseguir la acusación. El teniente coronel, de excelente oficial y gran servicio a la Corona, pasó a ser visto como contrabandista”.

Cajigal prosiguió con su recuento personal. “Y ahora, para empeorar las cosas, supe que el Rey emitió una orden de captura y remisión a España contra el teniente coronel. No me explicaron mucho, pero por otra vía me enteré que fue por iniciativa de la Inquisición. Es la envidia. Así no se puede avanzar en una carrera militar. Lo del Santo Oficio viene desde Melilla donde el capitán Miranda se destacó. ¿Cuál fue el delito? Comprar libros y pinturas que la inquisición señala como prohibidos, diabólicos. Pura intriga de otros oficiales mediocres. Pero eso viene desde hace años, aun antes de que Miranda ni yo mismo pensáramos en embarcarnos para el Caribe en la flota de Don José Solano”.

En sus conversaciones, cuando Cajigal nombró como su ayudante de campo al capitán Miranda, éste le había contado algo de su paso por el Regimiento de la Princesa. Miranda veía todo y lo escribía. Y algo de lo que dejó en su diario quizás era la causa real, aparte de aquello de “retención de libros prohibidos y pinturas obscenas”. “Al parecer estuvo en  Sierra Morena y alabó la actuación de un comisionado, Olavide, quien acabó con la delincuencia en la zona, impulsó los cultivos, creó caminos nuevos, y estableció fábricas.

Aunque con la Inquisición nunca se sabe, porque todo es secreto, si aquel Olavide cayó en desgracia, pues Miranda al hacer públicos sus elogios, también se considerará reo de los delitos del excomisionado”. Como fuera, ya Cajigal estaba convencido de que sería cuesta arriba evitar el apresamiento de su ayudante. Lo mejor sería un plan de escape, pero tendría que ser con mucho cuidado. “Creo que mejor yo mismo detengo a Miranda, lo embarco y luego en la travesía buscamos la manera de que el teniente coronel se vaya a sitio seguro. Norteamérica sería lo mejor”.

 

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