LA MARCHA Y EL SARTENAZO

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Si alguien tenía dudas acerca de la incapacidad de Maduro para gobernar no tiene más que poner el video de los acontecimientos de Villa Rosa en Margarita para ver una persona desquiciada, fuera de sí, desesperada, sin control de sus actos. Estupenda imagen para que un psiquiatra nos hiciera un perfil del personaje.

Ese Maduro que agrede abuelas; que se cuadra para pelear como un guapetón de barrio; que menta la madre de dirigentes políticos en actos públicos en cadena nacional, es el mismo que firma decretos, que nombra ministros(Por eso es que pone a españoles fundadores de PODEMOS  a dirigir la economía y nombra generales del arroz, del aceite, de los huevos y del pollo) y que gobierna un país sin más méritos que el de haber sido designado sucesor por un presidente enfermo y al borde de la muerte.

En su descargo podemos decir que en estos días Nicolás está bajo una presión extraordinaria. Acaba de presenciar a casi un millón de sus conciudadanos protestando en su contra en las calles de Caracas; se vio obligado a hablar, mientras esto ocurría, a una escuálida manifestación de soldaditos y empleados obligados. Al día siguiente tuvo igualmente que presenciar como la prensa mundial, mostraba las movilizaciones en sus primeras páginas con la reseña de su potencia y espectacularidad. Esto, sin duda,  es para desquiciar a cualquiera.

No obstante, lo importante de señalar es que cada vez con más claridad notamos que Venezuela se acerca a un desenlace inevitable. También se ha puesto en evidencia que ese desenlace ocurrirá tanto más rápido cuanto mayor sea la presión social y de calle de los ciudadanos. Este no es un gobierno democrático. Maduro no se despertará un día, consultará las encuestas y dirá “Tengo que renunciar, nadie me quiere”. Hemos dicho en innumerables ocasiones que a nosotros nos gobiernan mafias. Mafias que se están viendo en el espejo de la Cristina Kirchner. Saben que irán a las cajas fuertes, como fueron a la de la hija de la ex, y sacarán los millones de dólares en efectivo; se ven en el espejo de Dilma y Lula a quienes descubren villas, apartamentos de vacaciones y negociados por todas partes. Lo repetimos, como tantas veces, en la calle se juega el destino de Venezuela.

Así, que mantenerse en ella como lo hicimos el 1S en orden, democrática y pacíficamente, es lo que hará que tengamos una solución pacífica y electoral.

Clamemos a la providencia que el eco de esta calle lo escuchen de lado y lado, los cogollitos del poder.

 
Julio Castillo SagarzazuJulio Castillo Sagarzazu

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