METAMORFOSIS DEL ‘CHINO’ SILVA

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Reconvertido por Guardiola de mediapunta en interior, David Silva multiplica su despliegue físico con España y recuerda al pequeño gigante de la Eurocopa de 2008

Diego Torres

La magia es el momento fugaz que precede al éxito. Lo repiten los jugadores que participaron de la experiencia fundacional de la epopeya de La Roja, en la Eurocopa de 2008. Coinciden en decir que España nunca volvió a jugar tan bien como en aquel torneo, cuando todavía no habían ganado ninguno de los trofeos que convalidarían la leyenda y abrirían una nueva época en el fútbol mundial. Resulta significativo que David Silva, pieza fundamental de aquella gesta, perdiera peso paulatinamente hasta ahora. Porque Silva, entonces con 22 años, hizo un despliegue de clase, resistencia y coraje que dejó perplejo al maestro. Luis Aragonés, el seleccionador que fraguó la idea y la contagió al equipo, no dejó de repetirlo durante aquellos días calientes del Tirol: “¡Qué cojones tiene el Chino!”.

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Han pasado ocho años y Silva, apodado Chino, ha acumulado fortuna, prestigio y títulos, jugando como mediapunta en el Manchester City. Ha sido sin duda el mejor futbolista de su equipo en las últimas temporadas, pero no ha podido sustraerse a la deriva acomodaticia de la mayoría de sus compañeros. Silva cumplió con el papel del enganche. Un especialista con competencias delimitadas en quien Pep Guardiola ha creído descubrir algo más. El efecto del nuevo entrenador del City ha sido eléctrico. Quizás el desplazamiento de Silva a la posición de volante interior ha sido su apuesta más extravagante.

Varios analistas presentes en la Premier se agarraron la cabeza ante lo que consideraron un atentado contra la norma: los mediapuntas no tienen respuesta física para jugar con la continuidad que requiere un centrocampista. Silva, anticiparon, no resistiría. Silva, calcularon, es un especialista. Pero Silva desmontó el prejuicio. No solo cubrió el doble de la superficie que acostumbraba. Disputó todos los minutos de los partidos contra el Steaua en Champions, y el Stoke y el Sunderland en la Premier, y conservó la chispa de lucidez necesaria para desbordar o decidir a toda velocidad cada vez que fue necesario. El mismo tono que mostró con España en el amistoso contra Bélgica del jueves pasado. Partiendo de la banda izquierda, fue asociándose con todos sus compañeros. Dio a cada intervención el toque justo. Los dos goles fueron casi anecdóticos. Su presencia dominante recordó al chico de 2008.

“Pep sabe sacar lo mejor de cada jugador”, observa Javi Martínez. “Y David siempre está en movimiento. Siempre está pidiendo el balón, ofreciéndole un pase al poseedor de la pelota. Para eso hay que saber aguantar el ritmo”.

La metamorfosis de Silva es un caso infrecuente. José Giménez, responsable de captación de la cantera del Valencia, recuerda que el niño que pasó la prueba con el club en 2000 era un genio intermitente. “Lo trajo nuestro ojeador de Canarias con 14 años”, dice Giménez. “Era cadete pero jugó contra chavales del Juvenil A, tres años mayores que él. Destacó tanto que nadie tuvo ninguna duda en aceptarlo. Su potencial era evidente. Era un jugador de calidad pura. De los que hacen la última jugada. Se destacaba en los últimos 30 metros como pasador y, a veces, pisaba el área y definía él mismo. Físicamente no era resistente. Era de apariciones. Ocupaba un espacio limitado. De crío nunca jugó de ‘seis’ y muy de vez en cuando lo hizo de ‘ocho’. En eso cambió. Se ha desarrollado físicamente porque el fútbol actual te pide constancia y recorridos más largos. Como Isco. A Isco también le tuvimos. Era igual que Silva, solo que le costaba más llegar a gol”.

Sergi Roberto, que conoce los rigores del mediocampo, considera que la evolución de Silva tiene más que ver con el juego colectivo que con un mejor estado físico. “Tanto en el City con Guardiola como aquí en la selección David juega en equipos que tienen el balón”, dice el jugador del Barça. “Si tienes el balón, David se encuentra más cómodo, aunque recorra más distancia”.

Cuanto menos se matizó el juego elaborado de España, más brilló el mediapunta canario. Como si los kilómetros que recorren sus piernas midieran la pureza del estilo. Fue catalizador en el origen y mero acompañante en los días de gloria de 2010 y 2012. Ahora, con 30 años, el Chino vuelve para intentar sacar a la selección de la crisis de identidad.

Tomado de El País

 
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