EL GALLO DE MORÓN

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Rápido se arrancan las plumas de una gallina; lo difícil es volvérselas a pegar. Cuando aquí colocan una pajita en la oreja de un imponente jefe poco es lo que les queda a los acólitos.

Hechos que a su momento parecen banales pueden marcar un antes y un después. Invadir una vieja fortaleza medieval -casi abandonada- llamada La Bastilla pareció poca cosa; pero fue la pajita en la oreja de Luis XVI.

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Fidel jamás toleró el ridículo. Se estrenó en 1959 silenciando a los ingeniosos humoristas cubanos, pues conocía el inconmensurable peligro del choteo caribeño; y no hay censura que logre frenar la “radio bemba”.

Hoy en Margarita, los muchachitos de Juan Griego se aprenden de caletre la “batalla” de Villa Rosa, para recitarla a los No Alineados cuando vengan.

Estos últimos se esforzarán por mantener rostros adustos al saludar a sus anfitriones; pero si algún funcionario se atreve a ofrecer la “explicación oficial” sobre lo que allí pasó, arriesgará una explosión de incontrolable hilaridad en varios idiomas.

Habituado a sonreír socarronamente ante los pintorescos aconteceres que aquí recurren (cada minuto una estrella), el mundo externo ahora se desternilla en carcajadas galácticas.

Mirando hacia adentro, los diques de contención pueden caer más pronto que la muralla de Berlín; y los intentos de reprimir apenas verterían combustible en pasto seco.

Cuando un régimen viola sistemáticamente su propia Constitución con prevaricación, atropellos y triquiñuelas, entonces sus sentencias judiciales y gacetas oficiales se vuelven desechables: porque lo que es igual no es trampa.

Un tinglado político desacreditado arrastra a sus más visibles aliados armados, judiciales y electorales. Con mayor velocidad si éstos mismos demolieron su propia legitimidad, prestigio y credibilidad a punta de repetidos abusos.

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La velocidad del cataclismo político se vuelve exponencial si una tropa comienza a reírse y a unirse a las protestas. O sea: cuando algunos van de pandero, no hay barranco que los ataje.

En una sola semana un régimen “auto-suicida” recibió al menos ocho mazazos: el 1S, Villa Rosa, Citibank, Schlumberger, Brasil, Francia. Santos les dijo, “que pena contigo”; y ahora viene Chile clamando por Braulio Jatar.

Raúl Castro aún no ha hablado sobre nuestros recientes incidentes, pero raudo salió a pedir petróleo a Putin. El suministro venezolano ya no le parece seguro; y quizás algún exalumno suyo le va recordando al célebre gallito de Morón, que se quedó sin plumas y cacareando.

 

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