¿PODREMOS VENCER LA DESBANDADA?

El futuro no está escrito, porque sólo el pueblo puede escribirlo.” Adolfo Suárez

El 10 de noviembre 1996, en un foro realizado por El Nacional, Henrique Salas Römer advertía que después de Caldera el país sería como un ejército en desbandada.

Dos años antes de la elección de 1998, el fundador de la Asociación de Gobernadores de Venezuela y luego candidato presidencial, alertaba sobre la necesidad de convocar todas las fuerzas posibles para que, partiendo del empoderamiento ciudadano, se pudiera conducir a la nación hacia los escenarios del siglo XXI. Ocurrió exactamente lo contrario.

Han transcurrido 20 años de aquella advertencia y Venezuela sigue siendo un país atomizado y, por complemento, envuelto en la peor crisis económica, política y social de su historia republicana. ¿Cómo llegamos a esto?

desbandada

El 6 de diciembre de 1998, Hugo Chávez gana la presidencia impulsado por poderosos capitales que creyeron poder manipularlo. Poco tardó el Arañero de Sabaneta en darle la espalda a los banqueros y dueños de medios de comunicación que lo llevaron al poder. Con partidos políticos disminuidos, el nuevo presidente hizo de la confrontación su mejor arma, provocando una profunda división entre los venezolanos, primero, y acabando con todo el andamiaje institucional, después.

El establishment que había sido el sustento fundamental de la democracia inaugurada en 1958, se empezó a fraccionar. Empresarios, partidos políticos, medios de comunicación, gremios y sindicatos,intentaron, desde sus respectivas trincheras, llenar el vacío opositor. Pero, en un afán enloquecido por asirse unos y otros del poder, impedían, como cangrejos en una olla hirviente, que surgiera un liderazgo alterno de poder.

Después del 98 ningún candidato opositor ha podido lograr que su influencia vaya más allá de la elección presidencial. Arias Cárdenas y Rosales fueron fruto de acomodos circunstanciales. Finalmente, con la MUD, los partidos, muchos de ellos enfrentados entre sí, dieron un paso importante al lograr la unidad electoral. Pero ello no ha sido suficiente para cohesionar al país en desbandada.

No se trata de un momento cualquiera. Venezuela necesita mucho más que un simple candidato. Hundido en el abismo, el país requiere de un liderazgo capaz de aglutinar al país en su conjunto, labor que va mucho más allá de la MUD, espacio medianamente controlado por un cogollo, el G4, y tres gobernadores.

Sin alimentos o medicinas, con una economía colapsada y una población víctima del hampa, la desbandada podría desembocar hasta en un baño de sangre.

En otra dirección, la crisis venezolana comienza a extenderse.  Cada día son más las familias que huyen del caos y la hambruna, cruzando nuestras fronteras.

Desde su exilio, Salas Römer nos vuelve alertar. Es necesario-señala- comprender el drama que enfrentamos en toda su magnitud y complejidad. La situación que se va a heredar, insiste, es realmente complicada. El daño ocasionado es demasiado grande para pensar que la solución vendrá con un simple quítate tú para ponerme yo. La recuperación económica tiene que ser precedida de la regeneración moral de la nación. Ojalá sepamos reflexionar sobre esta alerta y así evitarnos futuros desencantos.

Venezuela en verdad necesita un liderazgo de elevada estatura moral y, además, de amplia credibilidad nacional e internacional. Requiere de una figura que comprenda el problema no solamente desde el punto de vista económico y humanitario, sino también desde el ángulo político y geopolítico. Reclama, en fin, de un estadista, hombre o mujer, capaz de trascender, de unir al país, y sacar a Venezuela del averno.

La Marcha del 1S fue una inesperada nota de esperanza.

¿Podremos vencer la desbandada?

 

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