…DE MADRE

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El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, recientemente electo y en posesión del cargo, no encontró mejor manera de preparar su entrevista con Obama que mentarle la madre al mismísimo presidente de Estados Unidos, sí, ¡a Obama! Son of a… fueron sus palabras. Por supuesto, Obama canceló la reunión, alegando con mucha elegancia que “no sería constructiva”.

Barack Obama y Rodrigo Duterte

Barack Obama y Rodrigo Duterte

Este Duterte es la última versión de los presidentes guapetones, o más genéricamente, de los líderes gritones y groseros. Venezuela, como en tantas otras cosas, por lo general mejores que ésta, fue de los primeros en presentar al mundo este liderazgo del tercer milenio, cuando su presidente allá por el lejano 2004 ya le ofrecía a la canciller de Estados Unidos una reunión para “ver qué pasaba”; o mandaba al cipote (sic) al primer ministro inglés en el 2006; o le decía al presidente de Colombia “que fuera hombre”, etc. Desde entonces se puso de moda el insulto como arma política.

Ahora lo usan desde Donald Trump hasta este señor Duterte, pasando por toda una larga cadena de presidentes y presidentas, líderes y lideresas. Entre otras cosas, porque más de un asesor sabe que esa manera de ser tiene sus adeptos, hasta es posible que muchos, puede que hasta la mayoría. Ser vulgar y retrechero vende, conquista, revuelve lo más primitivo y primario de la gente común.

Y deja un rastro de odio que es muy difícil borrar después. Si el presidente puede insultar a la madre ajena, qué queda para el ciudadano de a pie. Cuando un juez venezolano tuvo la vileza de considerar las mentadas de madre como lenguaje político, en el caso de uno de los insultos de cierto señor, se abrió la puerta a cualquier denuesto, se banalizó el lenguaje y, por supuesto, se rebajó la posibilidad de la palabra como coincidencia y se la volvió arma.

Hugo Chávez

Hugo Chávez

Hacer del peor insulto, la referencia odiosa a la madre, un expediente normal de expresión es llegar al borde de la violencia, más cuando sale de boca del más poderoso. Abiertas esas heridas todas las miasmas entran y qué difícil es curar luego a los apestados. Duterte, vergüenza para los filipinos, lleva cientos de ejecuciones extrajudiciales en pocas semanas; aquí se ha llegado a distinguir los homicidios reprobables de los “ajustes de cuentas”, que serían medidas de profilaxis social.

 

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