LA VIDA PROVISIONAL

pais-espera-pred

La vida se nos ha convertido en un extraño salón de espera. Como si el desatino político fuera una pesadilla interminable de la que sólo podremos salir aguardando los resultados de un conjuro mágico.

Todo pareciera depender, hoy, del revocatorio, de la salida del Presidente de la República, de un cambio de gobierno. Mientras tanto, los venezolanos tenemos una vida provisional, una existencia provisoria. El presente luce efímero, interino, transitorio. Nadie se compromete con nada. Los industriales no invierten porque temen que sus fábricas puedan ser expropiadas, el emprendedor no arriesga porque es posible que la revolución bolivariana se prolongue y la dictadura se atornille en el poder, el gerente no se compromete con el cargo porque, si todo sigue igual, piensa emigrar el próximo año, el exilado no se despega de las noticias del país y su mente continúa en el terruño, el que está adentro desea salir, el que está afuera anhela volver.

Nadie vive su presente como un momento de plenitud y sentido. Y en un mundo provisional, donde todo espera por el mañana, la volatilidad impera.

pais-espera

La improvisación y la eventualidad son piezas claves de nuestra brújula cultural. Sometidos a transiciones violentas y rápidas, herederos de un pasado plagado de levantamientos y revoluciones, los venezolanos nunca llegamos a adoptar una actitud paciente ante la economía, la política y los asuntos de Estado. Con mentalidad de corto plazo, acostumbrados a ciclos económicos aleatorios y bruscos, pocos empresarios han estado dispuestos a sacrificar la ganancia inmediata en pro de la utilidad futura, como tampoco hemos estado dispuestos a esperar la maduración institucional y las resoluciones judiciales siempre imprevisibles y volubles.

Los patrones culturales se repiten, y así como un gobernante caprichoso e improvisado pretende cambiar en días hábitos y símbolos con más de cien años –los recurrentes “nuevos hombres, nuevos ideales, nuevos procedimientos”- los acuerdos, las metas y los objetivos pueden variar de semana en semana. En Venezuela, lo transitorio se convierte en permanente y lo permanente nunca deja de ser provisional.

El tema de la novela País Portátil, de Adriano González León, sigue vigente, el paso fugaz de un terrorista por una sociedad heredera de una larga tradición política de dictadores, un país desmontable, movedizo, sin cuerpo. También José Ignacio Cabrujas se sintió abrumado por el sentimiento de interinidad en Venezuela, un país campamento.

pensando

“Han pasado siglos y todavía me parece vivir en un campamento. Quién sabe si al campamento le sucedió lo que suele ocurrirle a los campamentos: se transformó en un hotel. Esa es la mejor noción de progreso que hemos tenido: convertirnos en un gigantesco hotel donde apenas somos huéspedes. Vivir, es decir, asumir la vida, pretender que mis acciones se traducen en algo, moverme en un tiempo histórico hacia un objetivo, es algo que choca con el reglamento del hotel”.

El reto más duro del liderazgo político venezolano, el desafío más importante para la transformación de nuestra sociedad, es lograr sembrar en la mentalidad colectiva el largo plazo, acabar con la sensación de provisionalidad, devolvernos la visión de que el país por el que luchamos no es un botín para el saqueo y el capricho de algunos sino una construcción permanente para nuestros hijos, para siempre.

 

Artículos relacionados

Deja un comentario

Top