LAS CAJA-CUNAS

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Desde hace ya bastante tiempo, los hospitales vienen utilizando lencería de papel para las camas de los pacientes, y hasta en la ropa quirúrgica tiende a ser común el uso de materiales desechables. La ropa y la lencería de los hospitales llegan, esterilizadas, en paquetes sellados al vacío, y se garantiza su asepsia. Muchos instrumentos quirúrgicos tienden a ser también desechables, como la máquina de afeitar que usamos a diario. No sería de extrañar que algún día parte del mobiliario de los hospitales, que entra en contacto con pacientes infectados de algún peligroso virus o bacteria, sea también desechable. De manera que unas cunitas de cartón, que se desechan luego de que se hayan utilizado se descarten para reciclar el material, no deberían causar alarma, y uno se imagina que en algún país desarrollado estarán comenzando a utilizar cajas de cartón específicamente diseñadas para retenes de hospitales maternales.

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Pero un gran revuelo se ha armado en las redes con una fotografía donde aparece una hilera de cinco cajas de cartón sobre un mesón de concreto recubierto de baldosas de cerámica. Sobre tres cajas de cartón, y pegadas a la pared posterior, unas hojas de papel, primorosamente pintadas con animalitos coloreados (casi todos africanos), y acompañados de textos que aparentemente indican alguna acción a tomar con el contenido de cada caja. Del borde de cada caja cuelga también una hoja de papel con varias líneas de texto, también ilegibles. Se supone que identifican el contenido de las cajas.

En dos de las cajas se alcanza a leer una marca comercial que, tras luego de investigar vía Internet, resulta ser un laboratorio productor de medicinas para el consumo humano, establecido en el “Boulevard del Ejército Nacional, Km 5 ½, Soyapango, San Salvador, El Salvador”, y que inició sus actividades en 1999, “aportando una gama de productos farmacológicos (antihipertensivos, antibióticos, antineoplásicos, productos naturales, etc.) al mercado”.

El gran revuelo no tendría razón de ser si no fuera por el contenido de las cajas: cada una contiene un niño recién nacido, y la foto fue tomada en un hospital de Anzoátegui. Se supone que las cajas contenían lotes de medicinas importadas por el gobierno (a falta de producción nacional a causa de la emigración de muchos laboratorios y la carencia de insumos de los pocos que quedan) desde el país centroamericano. Imagínese el lector las condiciones de higiene de esas cajas, y pregúntese si cree que esas cajas de cartón son aptas para meterles dentro a indefensos bebés. En las fotos se observa que las cajas son de reducido tamaño, por lo cual los bebés más desarrollados deben ser acostados en diagonal. A juzgar por las hojas de papel con animalitos pintados, las enfermeras tratan de hacer bien su trabajo, y recurren a la improvisación en un hospital falto de cunas, por la mala administración, la corrupción y el despilfarro.

Y llama la atención que el laboratorio salvadoreño haya sido fundado al mismo tiempo que el chavismo llega al poder, para iniciar su carrera de rapiña y destrucción. Pura casualidad tal vez, pero posiblemente no sea tanto azar el que la prosperidad de aquél, reflejada en su despliegue publicitario en la red, se deba a la “generosidad” de éste. También se podría suponer que, más que generosidad, detrás de todo está la sombra de algún general encargado de la compra de las medicinas, cuya prosperidad también podría tener mucho que ver con las cajas-cunas del hospital de Anzoátegui.

 

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