LOS LÍMITES DE LA PAZ

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Mientras que la dubitativa oposición venezolana no hila una sola frase sin excusarse y advertir hasta la saciedad que sus tímidas peticiones son civilizados llamados a protestar en prístina y absoluta paz, los colombianos sorprendieron al mundo entero.

Votaron, mayoritariamente, en contra de una tendenciosa pregunta a la que parecía imposible responder NO: “¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?”

El resultado fue desconcertante. Nadie podía prever la derrota del SÍ, ni la comunidad internacional, ni las encuestadoras, ni los intelectuales, ni los medios de comunicación social, ni el Papa, ni el gobierno, imaginaron, y menos anticiparon, el triunfo del NO. ¿Quién, en su sano juicio, podía oponerse a finalizar más de 50 años de muerte y desolación? Evidentemente, muchos colombianos leyeron otra cosa entre líneas.

 ¿Hasta dónde es lícita y deseable la paz?

Cuando uno ve países devastados y destruidos como Siria, solemos pensar que cualquier opción es preferible a la guerra. Nada más doloroso que ver un niño mutilado por una bomba. Muy lejos de las culturas heroicas que exaltaban el combate sublime y la muerte, los tiempos modernos han propiciado, aunque sea en forma retórica, el culto a la paz. Pareciera, sin embargo, que hay límites a la idealización de la paz.

En una elocuente alocución difundida por todas las redes sociales, la senadora colombiana María Fernanda Cabal señaló que la retórica de la paz puede ser extorsiva. Que por encima de la paz están los principios y los valores, así como el derecho a la vida que solo lo garantiza la seguridad que hace posible el imperio de la ley.

El problema no era solamente, entonces, que la jurisdicción especial o el carácter de tratado internacional le dieran poderes supra constitucionales a la mesa de La Habana, o la impunidad o los escaños en el Congreso o que la remuneración para la reinserción de los guerrilleros en la vida civil representaran condiciones excesivas nunca otorgadas a otros colombianos, no, sino que los principios privan por encima de las claudicaciones y los fraudes que con tanta frecuencia se ocultan bajo la fachada de la paz.

Salvo la represión, la humillación, el sometimiento, el hambre y unos 30.000 muertos por año víctimas de la violencia, los venezolanos vivimos en paz.

¿Cuál es el límite?

 

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