Una voz que compartimos
RESURGIREMOS

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Queridos amigos.  El gran Francisco Suniaga publicó recientemente un artículo en Prodavinci en el cual transcribe una carta firmada por Humberto García Arocha y por su esposa Olga, desde el exilio canadiense que les tocó vivir a partir de 1951.

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Gustavo Tarre

Ahora que, a Iris y a mí, nos toca pasar por el mismo trance, no por haber asumido una postura heroica contra el Chavismo sino por la mera imbecilidad y maldad del régimen,  quiero enviarles algunos párrafos de la carta de los García Arocha que, con algunas modificaciones, recogen mucho mejor que lo que yo podría expresar, el sentimiento de vivir fuera de Venezuela en contra de la propia voluntad, así como la expresión de agradecimiento a muchísimos amigos que nos han tendido la mano y brindado su cariño.

“​No queremos exagerar, ni tan siquiera ponderar la serie de contratiempos y angustias que han golpeado nuestros ánimos. Miles de otros venezolanos han padecido y padecen todavía más hondos sufrimientos. El dolor de los demás nos sobrecoge de respeto y nos obliga a sobrellevar nuestra carga con más abnegación, con más comedimiento, con inquebrantable firmeza.

De ustedes, queridos compañeros, nos sigue llegando el cálido aliento que mantiene inquebrantable nuestra fe. En los momentos difíciles no nos han faltado las vigorosas manos de los amigos que se nos han dado llenas, lealmente, generosamente.

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Ello, a más de nuestra gratitud, empeña también nuestra actitud frente a la vida.

Hay, más allá del charco donde remueven el cieno sapos y salamandras, centenares de voluntades abiertas para el gesto compañero, trenzando también angustias en la sincera comprensión del dolor hermano. Esto nos ha reconfortado en una magnitud superior a todo quebranto y nos ha bañado con tibia luz de ternura nuestros días.

Sabremos conformarnos aun cuando nunca nos resignemos. La resignación lleva aparejada la renuncia a toda lucha. Y frente a la injusticia y la barbarie no nos creemos con el derecho de apartarnos de la batalla.

No queremos demorar con más palabras lo que ya es urgencia del sentimiento. El satisfacer esta impaciencia, la de expresarles las gracias ¡muchas gracias! es algo que no podemos hacer sin que se nos nublen los ojos.  No queremos pecar de cursis; la frase suena a trajinados giros por los que transita el fingimiento humano.

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Humberto García Arocha

Sinceramente, en franca confesión de amigos, ni nos avergüenza, ni nos sonrojan las lágrimas de quieta ternura con que a ustedes les decimos ¡Gracias compañeros! ¡Un millón de gracias!”

Unimos nuestras voces a las de ustedes para entonar la estrofa del himno que tan hermosamente canta nuestro orfeón universitario en “La casa que vence a las sombras”:

“La pródiga luz presentida

Infunde firmeza y valor

Marchemos en pos de la vida

Forjemos la paz y el amor…”

N/R. Desde nuestro Consejo Editorial, compartimos los sentimientos del Dr. Tarre y de su esposa, Iris, al reproducir con su sobria nota introductoria, la carta que, desde su exilio canadiense, enviaran Humberto García Arocha, y su esposa, Olga, en 1951. El destierro era para los griegos el peor de los castigos. Hoy es distinto, quizás, pero cuanto duele.

 
Gustavo Tarre BriceñoGustavo Tarre Briceño

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